lunes, 16 de julio de 2012

“FRIJOLITO”

¿Con quien soñará Frijolito
cuando se encuentra dormido?
tal vez con un diablito
que lo tiene aturdido

Cuando despierta no llora
explota a todo pulmón
que cimbra en donde mora
hasta el último rincón.

No es un grito de boca,
sino un temblor de manos
que a todo mundo sofoca
como hasta el soñado hermano.

Que es un niño chillón
eso nadie se lo quita,
pero con una canción
se adormece enseguida.

El tiempo rápido pasa
y pronto será mayor
y aquel grito que abrasa
se guardará en el cajón.

Su parecido es asombroso
con su padre Fernando
que se siente grandioso
cuando lo está arrullando

Sus abuelos no lo dejan
cuando se deshace en gritos
y para nada se quejan
por atenderlo un poquito

                                           Frijolito:
prosigue siendo niño
nuestro pequeño bombón
y regodéate con el cariño
que te profesa un montón
de aquéllos que te quieren mucho
que no te dejan llorar
aunque por un segundo sea.






A YÉSICA  ALEJANDRA, MI NIETA

Tu naturaleza es ser risueña
una virtud hecha divina
y tu voz suave y cantarina
como una torcaza pedigüeña.

No te cansas de sonreír al cielo
y con esa actitud traes el consuelo
en el alma de tus abuelos
a veces contrita o de hielo

Una mente vivaracha tienes
de eso no quepa duda
todo lo que observas lo retienes
que a las personas dejas muda.

la tierra te quedará chiquita
y no lo auguro por profeta
y pronto te harás rica
en tus peripecias con probeta.

Su padre es el doctor Ulises
y su madre la profesora Lupe
y ambos viven felices
de todas sus maldades en que se ocupe.

Aunque el doctor consiente
y la madre regaña,
pero la niña se da maña
para que nadie reviente.

Las palabras las trae en costales
y las desgrana a cada rato
que hace pasar momentos gratos
con sus ocurrencias a raudales.

Yésica  Alejandra se llama
que es simiente de mis raíces,
clorofila de mi existencia
cadencia del mañana.








NURIA MI NIETA

Hablar todavía no quiere
mi adorada pequeña nieta
y pone en ascuas a los seres
que escucharla quieren en retreta

Su madre no lo piensa mucho
porque sabe que es natural
menos así el abuelito Chucho
que se imagina que no es normal.

El tiempo nos dará la razón
de esta dudad que aqueja a todos,
pero si su madre entra en acción
la ayudará de mil modos.

A pesar de su muda lengua
anuncia el lugar en donde anda
y la aprensión nuestra mengua
al ver sus juegos en donde manda.

Sus padres la quieren mucho,
pero no más que los abuelos
que se ostentan siempre duchos
al consentirla en sus revuelos.

El tiempo correrá su edad
entre mieles y sinsabores
y a Cronos le pido piedad
porque goce de sus fulgores
de mi espigada y enfermiza Nuria.
OTRORA FUNCIÓN DE LAS SOCIEDADES CULTURALES, RECREATIVAS Y DEPORTIVAS DE CALKINI
(Andrés Jesús González Kantún)



Es indiscutible  que las primeras sociedades Culturales, Recreativas y Deportivas en  Calkiní   funcionaron a toda máquina en la era del ferrocarril de vapor. El deporte y la cultura  desbordaron los límites del éxito, convirtiéndose a final de cuentas en  los símbolos que distinguieron a la patria chica. Como sucedió con  la Sociedad Aurora que en el área del deporte y la cultura  (el béisbol,  básquetbol y teatro) logró destacar extraordinariamente, no sólo en la esfera local sino nacional e internacional, especialmente en el deporte.
Fue tanta la explosividad del muestrario cultural calkiniense que dio origen a que se le bautizara con el apelativo: “La Atenas del Camino Real”, como  se le conoce, y que  no se ha quedado durmiendo en sus laureles pues aún se advierte su prestancia en la sociedad del Camino Real.
Pero avistemos en lo general la conducta de las sociedades existentes.
De aquellos nobles objetivos románticos, obtenidos con esfuerzo, amor y buen gusto, se han mudado en otras intenciones de orden mercantilista traducidas en fiestas sociales o para apoyos en actividades políticas para fortalecer futuros intereses claros e implícitos.
De aquellas promotoras del arte y la cultura han mermado sus energías y motivaciones, si acaso relumbran titubeantes lucecitas estelares de buenas intenciones No obstante, que en Calkiní es feraz sementera para sembrar y tonificar toda clase de actividades debido a la presencia de escuelas de distintos niveles sedientas a recoger en su regazo el desarrollo físico y cultural que se les pueda ofrecer.
Las oportunidades siempre están disponibles para la reconciliación con el arte y la tradición tales como las  fiestas populares de los barrios y de la ciudad (vaquerías), fechas conmemorativas, el fortalecimiento de la Campechanía, el intercambio cultural con otras sociedades de la misma hermandad; en fin, se cuenta con un bagaje variopinto de ideas que pudieran aprovecharse para exterminar el desánimo y el conformismo. Sería muy meritorio que se recuperaran los propósitos originales que le dieron vida con la savia innata del saber y el entretenimiento.
Urge el renacimiento de todas las sociedades cuya presencia se hagan plausibles, dinámicas, indispensables en todas las prácticas  para la subsistencia del patrimonio cultural o de otra índole ya sea como participantes,  colaboradores, promotores  de tal modo que revitalice el espíritu sabihondo de esta tierra de los Ah Canul, ya de por sí censurada por su dejadez plasmada en una expresión jocosa y aguda que dice: “El apenas del Camino Real”.
Desde luego que esta tarea no es muy fácil de resolver, pues  los tiempos han cambiado y los intereses de la juventud— que sería el alma para esta resurrección— son otras, y además  el desapego por la familia inciden en esta difícil misión para inflamar esas lumbreras  de luz que iluminaron a Calkiní en otros tiempos, sin embargo, esa situación podría cambiar si se  invoca a la sensibilidad de los jóvenes y con demostraciones para recobrar ese amor por el terruño. Las autoridades en turno deben intentar recuperar esos brazos (antes polifémicos)  de la cultura entumecida por la indolencia y dialogar persuasivamente con ellas y apoyarlas en todo lo que se requiera para que puedan reaparecer como el ave Fénix  transformadas en bienhechoras, creadoras, organizadoras y protagonistas de la historia cultural y deportiva de esta tierra potencialmente capaz.
  Es necesario contar con su apoyo (las sociedades) y no depender exclusivamente de la Casa de Cultura que no se basta para atender tantos compromisos sí acaso los tienen o duerman también en la pereza del sueño eterno por falta de liderazgo.
 Reitero, una muestra de ese esfuerzo, que se ha notado a leguas,  lo ha manifestado la Aurora que no ha cejado en su empeño, aunque en gotas,  en organizar  actividades de diferentes especies  para la preservación del prestigio que un día  ganó a pulso. ¿Y las demás sociedades qué…? ¿Existen?
Vale la pena intentarlo, sólo es cuestión de voluntad, amor por la sociedad nativa y el entorno municipal.
Que el tiempo y nuestra tierra sean testigos y juzgadores de estos buenos propósitos para llevarlos en el limbo del desarrollo cultural.        Todo es cuestión de honor y vocación de servir.
Esperemos.

viernes, 6 de julio de 2012

Libre pensador


DEMOCRACIA Y MORAL, UN SUEÑO INALCANZABLE EN MÉXICO…
Andrés Jesús González Kantún

La honradez  es siempre digna de elogio, aún cuando no reporte utilidad, ni recompensa, ni provecho.
Marco Tulio Cicerón.
      


       En las campañas políticas para elegir al presidente de los Estados Unidos  de Norteamérica,  la Comisión  Federal Electoral  le permite  a los contendientes recibir, como apoyo económico,  50 dólares por ciudadano común y de los empresarios,  previa auscultación del origen, una cantidad justificable; pero a los contratistas  que trabajan para el gobierno, nada.
 Como se advertirá el patrocinio económico electoral es  digno  de admiración porque  aún existe en la cultura americana  un respeto implícito por la honorabilidad humana de la clase social que sea como consecuencia de una  moral inculcada  en la familia y ratificada en la  conciencia colectiva y personal.
       En México aún se vive  en la mezquindad de los valores. La moral ya está bien deteriorada, aunque se pretenda recuperar en la escuela con  asignatura a modo, pero  no es posible porque ya viene desgastada desde la familia por diversas causas sociales y económicas.
 Viene a mi memoria un lema proselitista de un candidato a la presidencia  de la república, en tiempos pasados, (Miguel de la Madrid Hurtado, 1988) quien atiborró espacios propagandísticos y medios de comunicación masiva con su famosa frase: “Renovación moral”, que arropó luego, en su tiempo, Andrés Manuel López Obrador en Tabasco, desgraciadamente nunca se llevó a la práctica porque fue un gobierno demagógico que  nunca aplicó   ese precepto ético.
       Moral  y democracia…, en México, palabras ilusorias e inaccesibles para determinados ciudadanos de la clase social variopinta  cuando se trata de escoger a sus candidatos para cualquier cargo popular, quienes, sin duda, anteponen los intereses individuales o de grupo, y más en la esfera de los desvalidos que se dejan coaccionar y por ende pervertir su dignidad   por causa de la miseria  y la ignorancia.
       Ha concluido este 1 de junio de 2012 la elección de autoridades para los cargos públicos: presidentes,  diputados y senadores. Participaron los tres partidos más grandes: el PAN, PRI Y PRD.
       Los números acreditaron el triunfo virtual  al partido tricolor. Como se dice en la jerga política, carro casi completo. Pero habría que analizar sin   fanatismos, apelando a la mesura y el raciocinio de la madurez política, el sentido en el cómo se obtuvo el triunfo para calificar   aquellas acciones  consideradas desaseadas    y  que hicieron  a un lado  la democracia,  la honradez y la equidad.
El  IFE lo ha manifestado  con un acento de orgullo, recalcando  la limpieza y precisión numérica del conteo de los votos. Los medios diversos de comunicación masiva salieron al aire   a ratificar como jilgueros, adormecidos en el canto,   la rectitud del trabajo llevado a cabo por las autoridades electorales que justipreciaron la competencia política.
       Cierto, se cuenta actualmente con un organismo saludable (IFE) por su  eficiencia, respeto e imparcialidad a la voluntad ciudadana. Nadie lo duda. Pero, lo que no se puede dispensar es el antes y no el después. El antes del sufragio, el antes de la captura  de los futuros votos, que pudieron  hacer la diferencia en una elección nacional, que fueron los mal habidos: aquéllos que se ganaron en la compra del decoro humano en el caso  de los más pobres, pero  menos justificable cuando se originan de las mentes lúcidas, aquéllas que tienen el arma de la libertad y el libre albedrío dados por  la educación y la ética no aplicados, lamentablemente,  en aras de la democracia y  la equidad.
       Esta sordidez que todos observan y callan, por conveniencia, no tiene calificativo (lo practican todos los partidos en la medida de sus posibilidades)  y los  pocos que  no enmudecen ante el descaro no encuentran   eco en las autoridades electorales (FEPADE) que están al servicio de  señores medievales encumbrados en sus castillos de poder que se ruedan  sin rubor de generación en generación  los puestos públicos. En algunos estados pervive aún esta práctica de más de setenta años de dominio antidemocrático debido, creo,  a la idiosincrasia de los pueblos oprimidos por la política neoliberal en donde  los espacios de poder no se libertan a la contienda política de los interesados, sino que   son asignados   por el Dios Zeus a los dioses hermanos y a los semidioses que completan el Olimpo, sin importar capacidades ni  intelectos de los participantes,   ni condescendencia popular, es decir,  son puestos obtenidos con factura de pago  por compromisos políticos aún no sean bien vistos (los afortunados) por la prole.
 Si después de las votaciones, ya detectadas la indecencia contumaz de las irregularidades del vencedor, ¿tendrá efecto una sanción para comenzar de nuevo? No lo creo, a palo dado ni Dios lo quita. El Tribunal Federal Electoral dictaminará a favor del más fuerte en artimañas, las indecencias nunca las hubo.
       En este cambio de poderes ha sido el más costoso   de que se tiene memoria pues los ciudadanos en la actualidad ya son más difíciles de persuadir, si no hay de por medio una mejor oferta en dinero  o en especie. ¿Y la moral y la equidad que ofrece la democracia en la competencia? ¿Qué sucederá en el futuro cuando las generaciones ya sean más letradas y tengan el poder del discernimiento? ¿Se seguirá siendo cautivo en la jaula del pasado jurásico?
       Cada estado dinosáurico,  se ha convertido en un gobierno medieval y todos esos feudos se agrupan para apoyar al tlatoani mexicano y no se apartan para nada de aquel pensamiento creado por los tres mosqueteros de la novela de Alejandro Dumas que decía: todos para uno y  uno para todos,  porque saben que trabajan en beneficio de ellos mismos, pero nunca piensan en el pueblo que solamente es una pieza del puzle político que  sin él no cuadra el rompecabezas para legitimar la farsa democrática.
       Creo que ni Dios sabe cuánto fue lo que se gastó para regresar, después de doce años, a la tierra prometida en su tercer intento para recuperar la manzana de la discordia perdida en el oasis del desierto. Ese costo monetario será deuda del pueblo, nunca se sabrá.
       Sin embargo, hago votos porque los nuevos vencedores, que lo prometieron todo, piensen en la prole, y en especial a los  legisladores para  no  circunscribirse a sus intereses  de grupo y aprueben con acierto y probidad las reformas prioritarias, todos unidos en un solo equipo— sin diferencia de colores—  para debatir con argumentos válidos en la solución de problemas, tanto tiempo arrinconados en los archivos del olvido, que  beneficien al  pueblo. Pero sí continúan  obcecados en venganzas, y egoísmos y rencores mutuos sabremos que todos ellos nunca  pensaron en los mandantes. Es ahora  o nunca.
       Hoy se le brinda al potencial presidente de la república la oportunidad para demostrar su capacidad de gestión y talento  para sortear el contrapeso del congreso, que no es mayoría para su partido, para unificar criterios en bien de México, ojalá le vaya bien.
       Interpolando algunas ideas vertidas anteriormente, como calkiniense que soy, espero que  el ayuntamiento municipal de mi tierra nativa, comenzando con el presidente y regidores, le cumpla al pueblo con humildad y devoción de servicio, sin el ego por delante, en especial, a los concejales que son los representantes, pues su misión es trabajar con funcionalidad y ahínco para informar a la ciudadanía de sus gestiones. Y no dejar, como siempre, en la indefensión a la ciudadanía en los trámites con los resultados que sean. Sí persisten en una posición cómoda y pasiva  por haber encontrado finalmente al vellocino de oro, así como Jasón y sus argonautas, y se sientan en sus laureles todo habrá sido en vano.
       Para concluir con mi pensamiento de hombre libre, debe florecer en todos los inmiscuidos en la tarea política, llámese quien se llame la renovación moral y el deseo de servir, ya no se puede seguir tapando al sol con un dedo o se quiere, ¿despertar a Draco? ¿O seguir en la creencia de aquel cuento de Augusto Monterroso que dice: Cuando desperté el dinosaurio todavía estaba allí? Yo  cifro mis esperanzas en un cambio de beneficio tanto tiempo esperado, por esa sangre renovada  en algunos estados de la república: Chiapas, Jalisco y Yucatán, y en especial, Calkiní.
Democracia y moral no deben separarse jamás.
Que la historia juzgue el futuro y ojala que sea promisorio.


















domingo, 17 de junio de 2012

Iglesia de Calkiní


IGLESIA DE SAN LUIS OBISPO

Los monumentos históricos del pasado prehispánico o colonial mucho  tendrían  que ofrecer  a nuestro intelecto, si gozaran el don de la palabra porque han sido silenciosos testigos de historias inéditas que el tiempo inexorable con su carga de sorpresas e incertidumbres  se ha encargado de guardarlas en  un cajón de antigüedades que no se ha podido desempolvar y despegar  el laberinto de telarañas que las ocultan a los ojos incisivos del estudioso y que solamente la memoria egoísta guarda para sí. Cada rendija, detalle o fachada arquitectónica nos señalan épocas idas, corrientes culturales que se han paseado por el mundo cuyas características sobresalientes y aún palpables nos permiten deducir verdades ocultas.
Ahí están presentes los Polifemos homéricos y los hua-pach´oob mayas  de piedra y granito, inconmovibles, ariscos, orgullosos en su porte en espera de ser descubiertas sus identidades  por espíritus inquietos que los quieran dar a conocer a la comunidad los mensajes telepáticos que nos transmite  la creatividad de los antiguos arquitectos masónicos de  razas varias, condensadas en la sapiencia espacial que son una amalgama de cultura y sacrificio,   en consecuencia,  nuestros edificios y monumentos que tienen la esencia de todas ellas como son la  griega, mesopotámica, romana, árabe y la nuestra, un verdadero sincretismo arquitectónico.
 Hay obras que conservan aún historias vírgenes, escondidas en  los archivos  de las iglesias, guardadas con celo por muchísimos años por los previsores religiosos españoles franciscanos, dominicos y agustinos. Hombres de mente exuberante, generosa  y ágil, aunque con el prejuicio represivo del Medioevo en contra de la ciencia que deseaba despertar. Cuando llegaron los primeros doce religiosos en América, por solicitud de Hernán Cortés, se dedicaron a la evangelización de los conquistados, los concentraron en un lugar para hacer más fácil el trabajo y aprendieron la lengua indígena para acercarse más a ellos y se enfocaron  a la investigación de la cultura de los pueblos  para darlas a conocer a la posteridad. Sin embargo, aún duermen esos viejos archivos narcotizados en los cajones de Dios, misterios de muchas historias no reveladas aún.
Es indudable  que algún día, esas maravillosas obras tendrán que sucumbir ante la fuerza hercúlea del tiempo y la naturaleza  madre, como siempre,  empeñados en evaporar lo que el hombre un día creó con el alma y el corazón para el asombro de la civilización actual. Aquellas mentes iluminadas, descendientes de los creadores  de bellezas arquitectónicas, se cruzarán de brazos  ante el desafió del tiempo y verán morir épocas de luces y fantasmagorías como los elefantes en la búsqueda de un lugar digno para morir en paz.   ¡Qué desgracia!
En Calkiní, como en otros muchos lugares de México se conservan aún representativas obras de la Colonia como son las casonas y las iglesias encerradas en una urbanización basada en un trazo reticular  y como alma principal de la ciudad, la plaza central. En las grandes ciudades tienen cierta variación, pero la esencia es la misma: al este la iglesia y el palacio episcopal, al oeste el Ayuntamiento, al norte las casas reales y al sur por ciudadanos distinguidos. Y en el centro del zócalo una picota destinada para castigar a los delincuentes y una fuente. Cuando el zócalo era grande se destinaba para ejercicios militares como es el caso de la Plaza mayor de la ciudad de México en donde emerge actualmente de sus cenizas el templo mayor de los aztecas, el Cu principal para la alabanza a Huitzilopochtli, Dios de la guerra o el Dios sol  y su inseparable amigo Tláloc, Dios de la lluvia.
Este rasgo urbanístico, creado por los romanos y aplicados por los españoles durante la reestructuración urbanística de los pueblos conquistados, fue el molde que se utilizó en todos los pueblos de México. Calkiní no fue la excepción, aunque se distingue un detalle, pues  en una de sus construcciones, el Palacio Municipal no mira al frente de la plazoleta como el resto de los edificios situados en el cuadrilongo debido al haber sido construido en una fecha postcolonial, pero quizá el largo del edificio no cupo y ese detalle le restó  armonía y tradición al rectángulo  de la Plaza.
Con el marco de esta introducción me voy a referir a uno de los monumentos históricos más representativos de la ciudad  de Calkiní: la iglesia de San Luis Obispo, aunque hablaré de manera general y con un tono recreativo intercalando vivencias particulares pues ya existe una historia pormenorizada en un libro (El templo de San Luis Obispo de Calkiní Campeche)  creado por la  acuciosa investigadora: profesora Estela Hernández Sandoval, de meritoria credibilidad.
La iglesia de San Luis Obispo de Calkiní, es similar a los edificios del Medioevo, la diferencia estriba en las torres que difieren de las atalayas que poseen los castillos medievales.
La iglesia es un edificio fuerte y macizo  con sus contrafuertes, espadañas  y almenas en hilera. Su tamaño en comparación con otras construidas en México es mediana, pero bella sin lugar a dudas.
Fue edificada sobre templos mayas que fueron destruidos para evitar la continuación de las creencias nativas e imponer una nueva religión monoteísta que se logró a medias o quizá en un porcentaje mayor a través de la lágrima y sangre derramadas por los abuelos.  Leamos la política seguida por los encargados de la evangelización. En 1537 los obispos de México escribían a Carlos V que los templos no habían sido todos destruidos y pedían su licencia para mandar demolerlos, a fin de extirpar por completo la idolatría. Respondió el emperador: “En cuanto a los Cúes o adoratorios, encarga S. M que se derriben sin escándalo y con la prudencia que convenía y que de la piedra de ellos se tome para edificar iglesias y monasterios, que los ídolos se quemasen, y otros puntos concernientes a esto”
Se puede advertir que la política de construcción fue uniforme en toda América, iglesias sobre vestigios nativos y en lugares elevados para observar el movimiento de los pueblos dominados para prevenirse de cualquier rebelión y darles tiempo a los escasos españoles civiles y religiosos para cobijarse en esas fortificaciones tipo fortaleza.
La iglesia nuestra, apunta al cielo una torre de tres cuerpos con una cruz en la cúspide de brazos extendidos en el infinito equipados con campanas de bronce que no han dejado de tintinear en cientos de años, transmitiendo regocijo desbordado por sus tradiciones festivas o penas por acontecimientos luctuosos. Una torre como un giroscopio de un submarino   que ojea sin cesar a toda la ciudad, guardando en la memoria un sin fin de historias desconocidas y profanas como aquella que corre en boca de  los más viejos y recreadas por la imaginación desbordada del pueblo como aquel  cura sin cabeza que merodeaba sus alrededores, asustando a los desvelados supersticiosos o aquella gallina viuda  y sus pollitos nocturnos en fila india, en las viejas calles de Calkiní.
Una señora bonita mitad española y mitad nativa dirigida en su construcción por arquitectos franciscanos y con la callosa mano de obra del indio maya, que en muchos de los casos fueron obligados por un  destino programado  por el pecado involuntario de haber nacido torpes del intelecto y por ello  servir a los más fuertes como lo dicta la ley de la selva. Los españoles tardaron en darse cuenta, por conveniencia propia, que eran seres humanos y  no  animales con quienes trataban, sino hombres de bien y  con inteligencia y corazón de niño que mira con amor y ternura  y con un deseo apasionado por aprender la ciencia y la cultura traídas por una pandilla de aventureros que no tenían oportunidad de sobrevivencia en el continente viejo y encontraron en estas tierras vírgenes esperanzas para enriquecerse a costillas de los naturales.
Una iglesia  en cuyo interior repercute   en sus grietas  el silencioso y nostálgico eco de las Aves Marías y  aleluyas recitados con devoción  por generaciones   de encapuchados franciscanos y creyentes cristianos hermanados por el tiempo y  la fe. Hileras, en ambos lados de la nave, de imágenes y esculturas protegidas en paramentos que miran con éxtasis  el paso de la espiritualidad y la contemplación de sus feligreses. Una fachada con características escultóricas de columnas  griegas y una concha en abanico en donde descansan sirenas de canto embriagador, tormento   de  Odiseo, que nos recuerda que nuestra cultura es internacional. Un retablo de cuatro cuerpos y un remate de hojas y flores y pilastras salomónicas revestidas en oro la adornan y en medio en solemne postura mira  piadosamente San Luis Obispo a su grey católica. Un púlpito, adornado con figuras fitomorfas y zoomorfas, ahora en desuso, que nos remonta a la época de nuestra niñez cuando el portavoz de Dios era el padre Balmes que con voz en cuello deshilaba una madeja de consuelos y exhortaciones a sus oyentes en cautiverio religioso para invitarlos a beber el agua de la vida espiritual. La modernidad lo ha convertido  en un elefante blanco que mira entristecido como le ha ganado el tiempo, pero no lo dejan morir, quedando como testigo de aquellos tiempos idos.
Un ojo masónico, que es el ojo de Dios,  sobre el techo de la bóveda de mirada incisiva, encerrado en un triángulo, que mira enigmáticamente por todos lados, ahora ha desaparecido para siempre, solo quedan recuerdos en la memoria de los viejos que lo lograron ver y que en la noches melancólicas reverberan en la luz del pensamiento lúcido.
Una iglesia de servicio múltiple que atiende todo tipo de reclamos espirituales y  prácticas tradicionales de gremios y de pesebres en diciembre y de muertos que profesa la comunidad vinculadas con esa fe que mueve montañas y empaña el entendimiento.  Una retahíla, desde la base de las grosísimas paredes, de osarios convertidas en cementerios ociosos  que refugian almas de tiempos pretéritos de gorgueras y hábitos  y que escuchan el clamor colectivo  de los siervos de Dios en sus peticiones de perdón y  salvación de almas pecadoras que dejaron en rezago en la vida terrenal.
Un sotacoro destinado para ángeles, arcángeles, querubines y serafines  que nunca logré escuchar en concierto en mi niñez cuando era asiduo visitante y cautivo maternal de la fe en  la casa de Dios.
Una angelical y dadivosa iglesia que guarda para muchos hijos de Calkiní vivencias  inverosímiles de su niñez en sus excursiones clandestinas por la media naranja, atravesando con temor  un colmenar de abejas guerreras que perseguían a los de pelo engomado de glostora o Palmolive o la visita en la torre y espadaña, recorriendo en ambos sitios las  serpenteantes escaleras. En el  ascenso en ambos sitios  era un viaje emocionante pues era un sitio casi en penumbra y si acaso la luz filtrada a través de  disimuladas rendijas  que servían de tragaluz, una en especial, (rumbo a la torre) representaba   una salida de emergencia, de ranura vertical con una caída de tres metros de altura,  cuando cerraban la puerta de entrada como castigo a la profanación traviesa de niños inquietos por la ociosidad o la ansiedad de aventuras nuevas. Nunca se supo de una desgracia o si la hubo se guardó en el anonimato. Un César May, hijo de Calkiní e intrépido por naturaleza, que tenía la osadía de brincar en hileras las almenas, rematadas en  comba,  de la iglesia en  acto acrobático y escalofriante que aún bulle con temor en nuestros recuerdos cuando nos lo cuentan los mayores, pero más pesaroso  en los testigos oculares.
Una benefactora iglesia que dio cabida a muchos indefensos niños de los alrededores, pueblos hermanos que se trajeron como baluarte las ganas de prosperar y su lengua nativa para defenderse del embate de la vida porque deseaban salir de la pobreza empecinada que ahorca y asfixia. Se les proporcionó cobijo, comida y educación espiritual para poder seguir estudiando, claro, bajo   la dirección tutelar de otro insigne altruista: Monseñor Gonzalo Balmes Noceda. ¿Quién no se ha de acordar  de él con una voz de cañón, ronca y quebradiza con el chicote en la mano y su bastón inseparable?  Esos niños protegidos bajo  el manto sacerdotal, ahora cuentan con una profesión y muchos ya están jubilados. Me permito mencionar a algunos de ellos: Máximo Tamay, Cástulo Tamay, Fermín Chin, Jorge Dzib Chan, Óscar Dzib, exceptuando a Manuel Bezunza a. Leshito y a César May que son  de Calkiní y otros más que la terca memoria no quiere recordar. Sin incluir a otros niños de Calkiní que les gustaba compartir el pan de cada día con todos ellos, en especial los domingos de puchero en donde la cocinera doña Dolita se las ingeniaba  para dar de comer a todos los angelitos con tan poca vianda así como el milagro crístico  de los panes multiplicados    para atender a miles de hambrientos seguidores de la tierra prometida.
Un atrio rectangular de piso remendado en cemento y piedras labradas, ahora un espacio seccionado en salones para reuniones y actividades culturales, que servía antes como un coso taurino rústico para recaudar fondos para la iglesia. Se recuerdan como toreros al singular Carlos Castilla a. Calix, a Carlos López, Raúl Juárez. Algunos se quedaron a vivir en estas tierras y ya forman familia. 
Una iglesia ciudad con sus claustros, convento, panadería, animales, cementerio, franciscanos hortelanos, una noria y un ejército de hombres que trajeron la luz del progreso y la sabiduría a un pueblo encandilado en la rutina de la dejadez por la falta de motivación y oportunidades para sobresalir. Salve el templo de San Luis Obispo, que en su alforja de recuerdos alegraron mi infancia plena de ilusiones y esperanzas y  último refugio de mis suspiros aún en suspenso con la autorización del tiempo y la vida.
Calkiní, Camp. 26 de mayo de 2012.

















EXHORTACIÓN DE UN CIUDADANO
(Voz de un integrante de la Asociación Civil U PUK’SIK’AL AH CANUL)

HONORABLE GOBIERNO MUNICIPAL QUE CONTIENDE  PARA EL H. AYUNTAMIENTO DE CALKIN:
Las elecciones para elegir al Honorable Ayuntamiento de Calkiní se definen el 1 de julio de 2012. La ciudadanía decidirá brindarle el apoyo al candidato  de un partido político que le parezca con la suficiente capacitad y honradez, más que nada, para gobernar y administrar el dinero del pueblo.
Un gobierno municipal que estará a prueba porque navegará  en encrespadas olas tsunámicas si no  atina a convertir en realidades aquellas promesas que se vertieron por doquier durante la campaña con el único propósito de convencer y disuadir ideologías arraigadas y alentar, como siempre, esperanzas de cambio en el modo de trabajar con eficiencia y la luz de la transparencia. Ofrecimientos populares que en la vida real no podrán cumplirse, en su mayoría, debido a  que los presupuestos   ya vienen tasados  para determinados compromisos para  las diferentes obras y servicios,  motivos que pueden causar alteraciones anímicas en el sentir de la sociedad que no pueda ser satisfecha y que en represalia pudiera cobrarse las deudas    en el momento oportuno.
Para regir a un pueblo se requiere de una buena intuición para adelantar soluciones a los problemas; habilidades para la administración; magnífica comunicación a través de puertas abiertas; contestar por escrito   las solicitudes (nunca se responden) para dar esperanzas o pretextos bien argumentados que satisfagan a los peticionarios; fortalecer a la policía municipal en capacitación y en número que son importantes para la cobertura en el municipio; darle a Calkiní un teatro poli funcional que integre la cultura y el deporte; activar la funcionalidad del rastro nuevo, ahora un elefante dormido; reparar los techos del mercado y disciplinar a los locatarios en la prioridad del aseo, hay un asadero de pollos que da mucho que pensar; hacer que se cumplan los reglamentos que rigen el uso de los puestos, es una verdadera pena el caos que impera en los domingos de ventas con toldos por doquier que lo convierten en un adefesio; un centro de la ciudad que no va de acuerdo a la categoría de nuestra ciudad; un basurero caduco que hay que reinstalar;     llevar la cultura y entretenimiento al medio rural; supervisar a fondo el correcto funcionamiento  de las direcciones y departamentos para poner orden y corregir  vicios que aún persisten en detrimento de la ciudadanía, como el del agua potable que juega con la paciencia de los usuarios, en fin, poner en ebullición una serie de inteligencias múltiples que le permitan al Gobierno Municipal resolver toda clase de demandas prioritarias para menguar el ánimo, a veces o siempre  del pueblo que desea  ser atendido con prontitud y eficacia. Pero este trabajo arduo y delicado no le incumbirá  darle solución sólo al presidente municipal, como ha sido la costumbre,  sino que la responsabilidad  recaerá  también en los regidores que completan el H. Ayuntamiento.
Ya es tiempo de que el cuerpo edilicio asuma sus compromisos  y funja como un verdadero gestor para la resolución de los problemas  del pueblo. Ya debe ponerse la camiseta del partido que lo postule  para demostrar a quien sea que sí sabe gobernar con equidad y justicia. Ya  es hora de que olvide que su obligación no es solo blandir manos a la hora de los acuerdos, inclinando la balanza en automático para proteger intereses sórdidos que vayan en perjuicio  de los calkinienses, sino también discutirlos  si se cuentan con  los argumentos convincentes para aprobarlos  o refutarlos; y  tampoco demostrar intereses ansiosos y personales  en  el manejo de los presupuestos en la Feria Artesanal porque sale a la luz su  voracidad económica en deterioro de la imagen honorable del Ayuntamiento, ese encargo le corresponde a las instancias correspondientes pero,  ¿Por qué no procurarle en darle  la oportunidad y confianza a la sociedad civil?
Ya es hora de interesarse por las cosas del terruño y los demás pueblos del municipio para reivindicar  esa  mala imagen   que se han ganado  sus predecesores por su incompetencia y pasividad, no de ahora sino de siempre. Hay que salir a supervisar  constantemente (un seguimiento) y recabar  quejas del pueblo para canalizarlas a dónde se debe  y no esperar a que se las traigan y cerrar los ojos ante las soluciones. La ética debe ser la guía que conduzca sus acciones. Ahora que están en el momento crucial de ser electos y alcanzar  el deseado y suculento maná,  que da el poderoso caballero, es justo devolverle al pueblo la factura en letras de oro con un trabajo de vigilancia, excelencia y cobertura No olviden la eterna inconformidad de la población  por los trabajos hechos de ínfima  calidad  en gobiernos anteriores como  es  el caso de las calles que son láminas de asfalto que en poco tiempo les salen hoyancos y además que se anegan por los desniveles mal  hechos para el desagüe. A veces se le da prioridad a la cantidad y se olvida la calidad. En épocas de lluvia sale a relucir  el trabajo mal hecho.
 El cabildo debe funcionar como diputados en miniatura, son  representantes de la ciudadanía, por tanto,  es el contrapeso del trabajo del presidente municipal. Al cabildo le atañe  vigilar  si el erario se está manejando con transparencia y honestidad, el pueblo nunca ha tenido conocimiento de su trabajo. Que no se olvide que es el representante del pueblo y debe informarles de su desempeño. El entreguismo en las decisiones de los acuerdos de cabildo es indigno, debe prevalecer el sentido común y la correcta toma de decisiones.
 Para desempeñar un buen oficio de regidor no se requiere mucho estudio como voluntad de servicio y sentido común, aunque el estudio es una excelente credencial de presentación. Hay que hacer a un lado la prevaricación.
Es necesario que cuenten con una oficina de gestoría (importantísimo) para recibir las demandas de la sociedad con un horario funcional. Es penoso que algún  ciudadano y más de los pueblitos que tengan que batallar en selvas espinosas  para resolver sus  problemas cuando debe contar con un regidor para  que lo defienda o le agilice sus trámites de cualquier índole que sea. Por último es imprescindible rendir cuentas de su trabajo a la sociedad, ese acto sería un hecho inédito que les daría prestigio ante la sociedad. Un Cabildo que cierra los ojos y los oídos a la ciudadanía  es negarse a los mandatos del pueblo que los eligió para servir.
 Vale la pena que adquieran  con el gobierno del estado la Ley Orgánica de los Municipios que habla (si se carece) sobre las responsabilidades a que están sujetas  las autoridades del H. Ayuntamiento para orientarse y dar una buena atención. 
Respetable Gobierno Municipal a futuro:
Como un calkiniense pendiente de que el pueblo progrese hoy y siempre, razón de mi sentir, es un motivo  más que suficiente para permitirme utilizar el derecho que me confiere la Constitución para expresar mis pensamientos francos y sin ambigüedades. Estas  palabras  expuestas  no tienen ningún trasfondo maligno ni partidista que pretenda herir susceptibilidades, sino son reflexiones de un ciudadano calkiniense deseoso de repetir y ratificar lo que todo  el pueblo sabe  para   que le sirva como un recordatorio  para trabajar con más ganas y eficiencia, y además no dedicarse exclusivamente a la cabecera municipal sino en todos los pueblos del municipio y sin preferencias de colores. Sin embargo, si llegara a persistir esta conducta anquilosada y apática  sin contraer compromisos  con la ciudadanía como la de  sus antecesores, entonces,  habrán perdido la inefable oportunidad de demostrarle al pueblo que nunca fueron capaces  de atenderlo  como se debiera, y que con ustedes jamás hubo el cambio tan repiqueteado en las campañas políticas, pero si su actitud fuera el  deseo entrañable de servir sean o no del pueblo (más meritorio si no lo son), entonces, se les reconocerá para siempre su desempeño en bien de una población que tanto lo necesita. No pierdan esta oportunidad que les brinda  Calkiní, Atenas del Camino Real.
NOTA: Hace tres años quise sensibilizar a los regidores y nuca vi cambio en ellos. Lo lamento mucho.

Les deseo suerte.

En honrabuena
Andrés Jesús González Kantún





sábado, 26 de mayo de 2012


          HACE 50 AÑOS EN EL SOLAR NATIVO…







          


E



                                                                         


Quitarle una cinta al toro, ruletas y banderillas de palomas
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Es un corpulento búfalo negro de 800 kilogramos de peso y de raza cebú que es liberado de un árbol de roble, situado alrededor del ruedo. Viene enmascarado en una tosca fibra de henequén para evitar mirar a la gente que asiste a la fiesta y no le altere sus sentidos de toro matrero.  Lo traen dos vaqueros de inolvidables recuerdos los hermanos González: Perucho y Huelús. (Aclaro estos vaqueros sólo los menciono como un homenaje a su recuerdo pues el primero ya no se encuentra entre nosotros y el segundo, impedido por la edad y una dolencia).  Lo encaminan entre la gente, que se  hace a un lado para dejarlo pasar y luego lo amarran  en un tronco cenizo de escamoso  huano, sembrado en medio del ruedo.
Los vaqueros le cinchan  la panza, pasándole una parte de la soga por debajo de la cola que lo hará más cabrón, y en consecuencia, pegará  saltos descomunales con el peligro latente  de llevarse de corbata a los que miran atenciosos desde las barandas.
 Le anuda el soberbio cuello  una cinta resplandeciente de azul  cielo en regocijo de color de fiesta con el nombre impreso del donante: Pastor Bolívar Chim (RIP). Es un nudo a semejanza de un capullo de mariposa anhelante por levantar el vuelo en la tempestad  de polvo árabe que se levanta con los pataleos de la bestia; una incipiente mariposa   que necesita ser libertada con la mano o con la delicadeza de los  dientes por algún torero que tenga la valentía suficiente para enfrentar el reto. Es una empresa escalofriante, pero digna de admirarse.
Con mucha dificultad le amarran sobre el lomo un artefacto pirotécnico  que encenderán en el momento preciso.
 El clarín  anuncia el inicio de la danza con la calaca, madrina del ahijado de la muerte. Cae la careta, se enciende la ruleta y se suelta a la bestia quien brinca y brinca sin cesar por causa del cincho y el fuego que dispara cohetones por todo el ruedo. La gente joven no entiende de estas cosas y se remedia con una voz cansada de un antiguo socio, pero clara que explica que hace 50 años así se desarrollaban las corridas.
El toro se pasea desafiante dentro del coso de xcolohché. Silencio. Sorpresa. Incertidumbre.  Ventura, un viejo torero amigo vestido de civil, increpa  a sus compañeros de brega a torear. Salen en bola y lo rodean para aturdir al animal y se queda el más valiente a terminar la faena. Vienen las banderillas de palomas encerradas en sendas cajas de cartón  que levantan el vuelo o caen al piso cuando las banderillas se engarzan en el  lomo del animal.
Ya cansado el astado se pretende descolgar la cinta del desafío, pero esta vez y como siempre se fracasa. Esta suerte es tan peligrosa que raras veces se logra ejecutar con precisión, sólo lo han conseguido en otros tiempos Mariano Canto y el “Chino Cámara”.
Los vaqueros imaginarios de a pie son suplidos por varios caballistas que lucen sus habilidades para atrapar  al toro que no hace nada por defenderse pues ya conoce de qué se trata pues no es la primera vez que lo meten en una plaza de fiesta taurina.
Esta tradición de donar toros, como en este cincuentenario de fiesta, poco queda sí acaso la maestra Librada Trejo Bolívar  que  ha convertido, en forma particular,  esta  costumbre como un compromiso de amor paternal. En esta  corrida hubo otro señor que donó en lidia otro toro y los demás fueron por cuenda de la directiva.




IGLESIA DE SAN LUIS OBISPO

Los monumentos históricos del pasado prehispánico o colonial mucho  tendrían  que ofrecer  a nuestro intelecto, si gozaran el don de la palabra porque han sido silenciosos testigos de historias inéditas que el tiempo inexorable con su carga de sorpresas e incertidumbres  se ha encargado de guardarlas en  un cajón de antigüedades que no se ha podido desempolvar y despegar  el laberinto de telarañas que las ocultan a los ojos incisivos del estudioso y que solamente la memoria egoísta guarda para sí. Cada rendija, detalle o fachada arquitectónica nos señalan épocas idas, corrientes culturales que se han paseado por el mundo cuyas características sobresalientes y aún palpables nos permiten deducir verdades ocultas.
Ahí están presentes los Polifemos homéricos y los hua-pach´oob mayas  de piedra y granito, inconmovibles, ariscos, orgullosos en su porte en espera de ser descubiertas sus identidades  por espíritus inquietos que los quieran dar a conocer a la comunidad los mensajes telepáticos que nos transmite  la creatividad de los antiguos arquitectos masónicos de  razas varias, condensadas en la sapiencia espacial que son una amalgama de cultura y sacrificio,   en consecuencia,  nuestros edificios y monumentos que tienen la esencia de todas ellas como son la  griega, mesopotámica, romana, árabe y la nuestra, un verdadero sincretismo arquitectónico.
 Hay obras que conservan aún historias vírgenes, escondidas en  los archivos  de las iglesias, guardadas con celo por muchísimos años por los previsores religiosos españoles franciscanos, dominicos y agustinos. Hombres de mente exuberante, generosa  y ágil, aunque con el prejuicio represivo del Medioevo en contra de la ciencia que deseaba despertar. Cuando llegaron los primeros doce religiosos en América, por solicitud de Hernán Cortés, se dedicaron a la evangelización de los conquistados, los concentraron en un lugar para hacer más fácil el trabajo y aprendieron la lengua indígena para acercarse más a ellos y se enfocaron  a la investigación de la cultura de los pueblos  para darlas a conocer a la posteridad. Sin embargo, aún duermen esos viejos archivos narcotizados en los cajones de Dios, misterios de muchas historias no reveladas aún.
Es indudable  que algún día, esas maravillosas obras tendrán que sucumbir ante la fuerza hercúlea del tiempo y la naturaleza  madre, como siempre,  empeñados en evaporar lo que el hombre un día creó con el alma y el corazón para el asombro de la civilización actual. Aquellas mentes iluminadas, descendientes de los creadores  de bellezas arquitectónicas, se cruzarán de brazos  ante el desafió del tiempo y verán morir épocas de luces y fantasmagorías como los elefantes en la búsqueda de un lugar digno para morir en paz.   ¡Qué desgracia!
En Calkiní, como en otros muchos lugares de México se conservan aún representativas obras de la Colonia como son las casonas y las iglesias encerradas en una urbanización basada en un trazo reticular  y como alma principal de la ciudad, la plaza central. En las grandes ciudades tienen cierta variación, pero la esencia es la misma: al este la iglesia y el palacio episcopal, al oeste el Ayuntamiento, al norte las casas reales y al sur por ciudadanos distinguidos. Y en el centro del zócalo una picota destinada para castigar a los delincuentes y una fuente. Cuando el zócalo era grande se destinaba para ejercicios militares como es el caso de la Plaza mayor de la ciudad de México en donde emerge actualmente de sus cenizas el templo mayor de los aztecas, el Cu principal para la alabanza a Huitzilopochtli, Dios de la guerra o el Dios sol  y su inseparable amigo Tláloc, Dios de la lluvia.
Este rasgo urbanístico, creado por los romanos y aplicados por los españoles durante la reestructuración urbanística de los pueblos conquistados, fue el molde que se utilizó en todos los pueblos de México. Calkiní no fue la excepción, aunque se distingue un detalle, pues  en una de sus construcciones, el Palacio Municipal no mira al frente de la plazoleta como el resto de los edificios situados en el cuadrilongo debido al haber sido construido en una fecha postcolonial, pero quizá el largo del edificio no cupo y ese detalle le restó  armonía y tradición al rectángulo  de la Plaza.
Con el marco de esta introducción me voy a referir a uno de los monumentos históricos más representativos de la ciudad  de Calkiní: la iglesia de San Luis Obispo, aunque hablaré de manera general y con un tono recreativo intercalando vivencias particulares pues ya existe una historia pormenorizada en un libro (El templo de San Luis Obispo de Calkiní Campeche)  creado por la  acuciosa investigadora: profesora Estela Hernández Sandoval, de meritoria credibilidad.
La iglesia de San Luis Obispo de Calkiní, es similar a los edificios del Medioevo, la diferencia estriba en las torres que difieren de las atalayas que poseen los castillos medievales.
La iglesia es un edificio fuerte y macizo  con sus contrafuertes, espadañas  y almenas en hilera. Su tamaño en comparación con otras construidas en México es mediana, pero bella sin lugar a dudas.
Fue edificada sobre templos mayas que fueron destruidos para evitar la continuación de las creencias nativas e imponer una nueva religión monoteísta que se logró a medias o quizá en un porcentaje mayor a través de la lágrima y sangre derramadas por los abuelos.  Leamos la política seguida por los encargados de la evangelización. En 1537 los obispos de México escribían a Carlos V que los templos no habían sido todos destruidos y pedían su licencia para mandar demolerlos, a fin de extirpar por completo la idolatría. Respondió el emperador: “En cuanto a los Cúes o adoratorios, encarga S. M que se derriben sin escándalo y con la prudencia que convenía y que de la piedra de ellos se tome para edificar iglesias y monasterios, que los ídolos se quemasen, y otros puntos concernientes a esto”
Se puede advertir que la política de construcción fue uniforme en toda América, iglesias sobre vestigios nativos y en lugares elevados para observar el movimiento de los pueblos dominados para prevenirse de cualquier rebelión y darles tiempo a los escasos españoles civiles y religiosos para cobijarse en esas fortificaciones tipo fortaleza.
La iglesia nuestra, apunta al cielo una torre de tres cuerpos con una cruz en la cúspide de brazos extendidos en el infinito equipados con campanas de bronce que no han dejado de tintinear en cientos de años, transmitiendo regocijo desbordado por sus tradiciones festivas o penas por acontecimientos luctuosos. Una torre como un giroscopio de un submarino   que ojea sin cesar a toda la ciudad, guardando en la memoria un sin fin de historias desconocidas y profanas como aquella que corre en boca de  los más viejos y recreadas por la imaginación desbordada del pueblo como aquel  cura sin cabeza que merodeaba sus alrededores, asustando a los desvelados supersticiosos o aquella gallina viuda  y sus pollitos nocturnos en fila india, en las viejas calles de Calkiní.
Una señora bonita mitad española y mitad nativa dirigida en su construcción por arquitectos franciscanos y con la callosa mano de obra del indio maya, que en muchos de los casos fueron obligados por un  destino programado  por el pecado involuntario de haber nacido torpes del intelecto y por ello  servir a los más fuertes como lo dicta la ley de la selva. Los españoles tardaron en darse cuenta, por conveniencia propia, que eran seres humanos y  no  animales con quienes trataban, sino hombres de bien y  con inteligencia y corazón de niño que mira con amor y ternura  y con un deseo apasionado por aprender la ciencia y la cultura traídas por una pandilla de aventureros que no tenían oportunidad de sobrevivencia en el continente viejo y encontraron en estas tierras vírgenes esperanzas para enriquecerse a costillas de los naturales.
Una iglesia  en cuyo interior repercute   en sus grietas  el silencioso y nostálgico eco de las Aves Marías y  aleluyas recitados con devoción  por generaciones   de encapuchados franciscanos y creyentes cristianos hermanados por el tiempo y  la fe. Hileras, en ambos lados de la nave, de imágenes y esculturas protegidas en paramentos que miran con éxtasis  el paso de la espiritualidad y la contemplación de sus feligreses. Una fachada con características escultóricas de columnas  griegas y una concha en abanico en donde descansan sirenas de canto embriagador, tormento   de  Odiseo, que nos recuerda que nuestra cultura es internacional. Un retablo de cuatro cuerpos y un remate de hojas y flores y pilastras salomónicas revestidas en oro la adornan y en medio en solemne postura mira  piadosamente San Luis Obispo a su grey católica. Un púlpito, adornado con figuras fitomorfas y zoomorfas, ahora en desuso, que nos remonta a la época de nuestra niñez cuando el portavoz de Dios era el padre Balmes que con voz en cuello deshilaba una madeja de consuelos y exhortaciones a sus oyentes en cautiverio religioso para invitarlos a beber el agua de la vida espiritual. La modernidad lo ha convertido  en un elefante blanco que mira entristecido como le ha ganado el tiempo, pero no lo dejan morir, quedando como testigo de aquellos tiempos idos.
Un ojo  sobre el techo de la bóveda de mirada incisiva encerrado en un triángulo que mira enigmáticamente desde arriba los pasajes del tiempo y la retransmisión de inciertos simbolismos, quizá masónicos,  que nunca se lograron  interpretar, ahora, ha desaparecido para siempre, solo quedan recuerdos en la memoria de los viejos que lo lograron ver y que en la noches melancólicas reverberan en la luz del pensamiento.
Una iglesia de servicio múltiple que atiende todo tipo de reclamos espirituales y  prácticas tradicionales de gremios y de pesebres en diciembre y de muertos que profesa la comunidad vinculadas con esa fe que mueve montañas y empaña el entendimiento.  Una retahíla, desde la base de las grosísimas paredes, de osarios convertidas en cementerios ociosos  que refugian almas de tiempos pretéritos de gorgueras y hábitos  y que escuchan el clamor colectivo  de los siervos de Dios en sus peticiones de perdón y  salvación de almas pecadoras que dejaron en rezago en la vida terrenal.
Un sotacoro destinado para ángeles, arcángeles, querubines y serafines  que nunca logré escuchar en concierto en mi niñez cuando era asiduo visitante y cautivo maternal de la fe en  la casa de Dios.
Una angelical y dadivosa iglesia que guarda para muchos hijos de Calkiní vivencias  inverosímiles de su niñez en sus excursiones clandestinas por la media naranja, atravesando con temor  un colmenar de abejas guerreras que perseguían a los de pelo engomado de glostora o Palmolive o la visita en la torre y espadaña, recorriendo en ambos sitios las  serpenteantes escaleras. En el  ascenso en ambos sitios  era un viaje emocionante pues era un sitio casi en penumbra y si acaso la luz filtrada a través de  disimuladas rendijas  que servían de tragaluz, una en especial, (rumbo a la torre) representaba   una salida de emergencia, de ranura vertical con una caída de tres metros de altura,  cuando cerraban la puerta de entrada como castigo a la profanación traviesa de niños inquietos por la ociosidad o la ansiedad de aventuras nuevas. Nunca se supo de una desgracia o si la hubo se guardó en el anonimato. Un César May, hijo de Calkiní e intrépido por naturaleza, que tenía la osadía de brincar en hileras las almenas, rematadas en  comba,  de la iglesia en  acto acrobático y escalofriante que aún bulle con temor en nuestros recuerdos cuando nos lo cuentan los mayores, pero más pesaroso  en los testigos oculares.
Una benefactora iglesia que dio cabida a muchos indefensos niños de los alrededores, pueblos hermanos que se trajeron como baluarte las ganas de prosperar y su lengua nativa para defenderse del embate de la vida porque deseaban salir de la pobreza empecinada que ahorca y asfixia. Se les proporcionó cobijo, comida y educación espiritual para poder seguir estudiando, claro, bajo   la dirección tutelar de otro insigne altruista: Monseñor Gonzalo Balmes Noceda. ¿Quién no se ha de acordar  de él con una voz de cañón, ronca y quebradiza con el chicote en la mano y su bastón inseparable?  Esos niños protegidos bajo  el manto sacerdotal, ahora cuentan con una profesión y muchos ya están jubilados. Me permito mencionar a algunos de ellos: Máximo Tamay, Cástulo Tamay, Fermín Chin, Jorge Dzib Chan, Óscar Dzib, exceptuando a Manuel Bezunza a. Leshito y a César May que son  de Calkiní y otros más que la terca memoria no quiere recordar. Sin incluir a otros niños de Calkiní que les gustaba compartir el pan de cada día con todos ellos, en especial los domingos de puchero en donde la cocinera doña Dolita se las ingeniaba  para dar de comer a todos los angelitos con tan poca vianda así como el milagro crístico  de los panes multiplicados    para atender a miles de hambrientos seguidores de la tierra prometida.
Un atrio rectangular de piso remendado en cemento y piedras labradas, ahora un espacio seccionado en salones para reuniones y actividades culturales, que servía antes como un coso taurino rústico para recaudar fondos para la iglesia. Se recuerdan como toreros al singular Carlos Castilla a. Calix, a Carlos López, Raúl Juárez. Algunos se quedaron a vivir en estas tierras y ya forman familia. 
Una iglesia ciudad con sus claustros, convento, panadería, animales, cementerio, franciscanos hortelanos, una noria y un ejército de hombres que trajeron la luz del progreso y la sabiduría a un pueblo encandilado en la rutina de la dejadez por la falta de motivación y oportunidades para sobresalir. Salve el templo de San Luis Obispo, que en su alforja de recuerdos alegraron mi infancia plena de ilusiones y esperanzas y  último refugio de mis suspiros aún en suspenso con la autorización del tiempo y la vida.
Calkiní, Camp. 26 de mayo de 2012.