sábado, 16 de febrero de 2013
Los tricicleros de Calkiní
LOS TRICICLEROS
El gato volador
“Un enjambre de esforzados seres en frenético giro de sus alados pies, pululan por todos lados— en callejones y avenidas— en busca del pan de cada día tan necesario para la supervivencia”
Para ser triciclero, si se quiere sobrevivir, no se necesita más que voluntad para trabajar. Quizá sea la última oportunidad que les queda a todos aquéllos que por desinterés o jugarretas de la vida no encontraron la oportunidad para conseguir trabajo en la profesión que escogieron o de plano no terminaron sus estudios o de por sí no les gustó la escuela.
En el Camino Real, el oficio predominante es la albañilería y le sigue en importancia la actividad de triciclero, además de otros quehaceres menores encerrados en la informalidad. No es un trabajo deshonroso porque saca de cualquier apuro a quienes se dedican a esta labor, aunque los que adquirieron alguna carrera merecen mejores oportunidades. Como es el caso de una gran cantidad de egresados de las diferentes escuelas de nivel superior en Calkiní que no obtienen empleo en la carrera que escogieron y no les queda más remedio que dedicarse a la tricicleada o a otros subempleos, siempre hay más excedentes de profesionales que fuentes de trabajo. La creación de los triciclos fue un gran acierto de los fabricantes, pues vino a resolver un problema antiguo de empleo y de transporte de pasaje y carga, ya que la adquisición de uno de esos vehículos está al alcance de la mayoría de la gente.
El triciclo es un vehículo con equidad de género, que aparte de la función esencial para lo que fue diseñado, se utiliza para múltiples actividades:
• Le sirve al campesino para traer leña y otros productos de su parcela.
• Contribuye a evitar la contaminación ambiental.
• Funciona como una tienda ambulante o fija, exhibiendo en venta golosinas, baratijas, antojitos, pozole, paleta y nieve, y además sirve como un vehículo propagandístico, entre otras labores que son infinitas.
A los triciclos los visten de acuerdo con el gusto del chofer. Cuatro varillas de diferente material fijados en la estructura tubular y con un techo de toldo adquirido o regalado por algún partido político. Un asiento de madera sin cubrir o acolchonado. Un piso de tablas o lámina, y en los costados un material de cualquier cosa, y a veces, unas cortinas transparentes que se materializan en los tiempos de lluvia. Época que provoca el temor de los pasajeros, pues al pasar por calles inundadas en donde no se advierten los hoyancos se vuelcan y terminan en accidentes indeseables. Lo mismo sucede cuando no se observa el estado etílico del conductor, la chispa de sus palabras anuncian que equivocó uno el momento y no queda más remedio que enfrentar los latentes riesgos.
Algunos son buenos para cobrar y no les tiemblan las manos; otros son más conscientes, tomando en cuenta la distancia; otros no dan servicio hasta no completar la carga humana. Pero cuando coincide una familia numerosa, hasta en el toldo quisieran instalarla.
Desconocen los dones de la urbanidad en el trato y más en el vestir que se pasan de informales: descuidados y siempre en pantalones cortos.
Intentar ocupar un triciclero en plena carrera es una verdadera hazaña más que la conquista de México pues se vuelven sordos a propósito al llamado de los usuarios y si acaso responden se justifican con argumentos infantiles, no obstante, que a veces no tienen la necesidad de desviarse del camino que llevan, tal parece que no necesitan el dinero o a veces se percibe que les cae uno mal. Pero lo que más molesta es querer contratarlo cuando están estacionados en espera aparente de clientela y se niegan con una displicencia que choca y al mismo tiempo lanzando una mirada que mataría en un instante a King Kong. El desplante es una de sus insignes conductas y además desquician la paciencia en el tránsito con ellos y a veces dan ganas…
Como en todos los oficios, entre los tricicleros, no faltan sus personajes sin pares que aturden el entendimiento si no se les conoce. Entre estos trabajadores, se distingue uno a quien le apodan: “El gato volador”. Circula por las calles velozmente en busca de pasaje, resoplando escandalosas palabras sin sentido que asusta a quien intenta contratarlo. En realidad es una persona inofensiva que le gusta jugar y exhibirse en actitudes infantiles que no van de acuerdo con su edad. Incluso en los amontonamientos públicos le gusta ponerse de cabeza, y después de volver a su postura original, lanza un grito ruidoso que se pierde entre las rendijas de la multitud distraída en la atención de su espectáculo, obviamente causa un gran alboroto.
En los períodos electorales, los tricicleros aprovechan la oportunidad para modernizar el toldo de sus vehículos, lo reciben como un regalo de los partidos contendientes (los más fuertes) como si este gesto caritativo les garantizara el voto. Algunos son difíciles de caer en el engaño pues saben el propósito implícito del regalo, se niegan a aceptarlo, en cambio los convenencieros se dejan comprar. Pero los partidos para asegurarse que la propaganda le llegue al público, como es el caso de uno que tiene los colmillos bien retorcidos prefieren instalarlo en el momento de la entrega. Esta actitud evita que el triciclero guarde el regalo y pueda aprovechar a otros partidos que van con el mismo propósito. Los triciclos, aves amarillas con franjas blancas, en su mayoría, se instalan en hilera infinita y esperan pacientemente el armado de sus parasoles que les llegarán de las manos ansiosas de carpinteros improvisados como un obsequio que humilla la dignidad humana por el trasfondo político que representa dicha regalía.
Un conductor de un carro que va detrás de un triciclo le da tiempo para contarle los pelos a un gato, y más en la espera del cambio de la luz verde en el semáforo en un cruce de vía y más cuando transitan en religiosa procesión mundana. El automovilista tendrá que armarse de paciencia, y no le queda más remedio porque sabe que el triciclero goza de los mismos derechos que él para transitar. En el disparo de la luz verde el chofer del carro desenmascara el coraje y dulcifica el alma por un instante al observar el agónico esfuerzo que despliega el triciclero al darle las primeras vueltas a los pedales. Pero ese humilde trabajador sonríe maliciosamente y tal parece decir entre dientes: “Ahora te aguantas, tanto derecho tienes tú como yo de circular y circular por donde se quiera”, mientras el chofer se consume de impaciencia y su otro yo renueva el conteo de lo que ya antes había contado… los pelos del gato.
Ese derecho que les asiste por circular por todos lados no ha sido reflexionado por ellos pues por las noches, como cocuyos sin luz, giran por el pueblo y lugares circunvecinos, exponiendo su vida misma y la de los viajeros. Son fantasmas en pena nocturna que comprometen a los vehículos mayores. En otros lugares como Candelaria se les ha prohibido transitar por las noches.
Cuando no tienen espejo retrovisor, rebasan sin previo aviso o señalan el rumbo de forma inesperada, pero el colmo de los colmos es que a veces lo hacen posicionados en el carril indebido. Se tiene que avispar los sentidos si se quiere evitar alguna desgracia. Siempre tiene uno que anticiparse a sus reacciones espontáneas.
Cuando no hay vigilancia policíaca transitan en el sentido que les da la gana y prefieren recortar el camino (sentido contrario) para evitar un desgaste tremendo al rotar en la dirección correcta, quizá tengan razón pues sus potencia vehicular es la de un hombre de fuerza, no dan para más. Algunos prefieren empujar el triciclo como una justificación, aunque quebrantan siempre los reglamentos de tránsito; yo no sé de dónde hayan sacado la idea de que esa actitud es permitida por las leyes de circulación.
Pero no todo es naranja agria en el huerto de los tricicleros, también saben cultivar naranja dulce cuando se les concede la enorme responsabilidad de transportar a los niños a la escuela. En este encargo se transforman en excelentes conductores con el conocimiento de las reglas de tránsito de pe a pa, convirtiendo a la prudencia en la rectora de su transitar y cumplen a cabalidad devolviendo salvos a los niños a sus casas.
En carnaval los invitan a participar en el concurso tradicional de triciclos alegóricos los cuales convierten en plantas, animales o máquinas, dándoles vida y colorido sin igual y que arrancan aplausos resonantes de un público atento que le forma valla en su recorrido por la calle principal (calle 20) construido en la época colonial por el fraile Pedro Peñas Claros.
A veces viajar en un triciclo, cuyo conductor es de palabra fácil, distrae el ánimo al desliar de la madeja de sus pensamientos las palabras que traen el consuelo o la alegría al pasajero. Se abre el diálogo y las cuitas se enredan para enfrentar el día con más energías. Una conversación ágil que se lleva el viento y por la fuerza de la plática permite a terceras personas oír el mensaje sin solicitarlo, saboreando la frescura almendrada de los pensamientos ajenos.
Después de todo, ser triciclero es un modo honesto de ganarse la vida en la diaria lucha por la supervivencia por estos caminos viejos de los Ah Canul, y que a pesar de los problemas que causan a los vehículos mayores, más por la lentitud en que ruedan, tienen el derecho inviolable de luchar por la existencia. Las angustias que sufre un automovilista en el momento de encontrarse con estos bárbaros de los pedales son pasajeras y sabe aguantar, aunque forzadamente. En fin, todo sea por el bien de estos amigos de “Mercurio”, brazo derecho de su trabajo diario. Tricicleros que controlan a fuerza a los automovilistas acelerados, ellos, reitero, son contribuyentes indiscutibles del cuidado del ambiente.
Alegre por el camino va
en agónico paso, mil sueños:
“Tarde, pero seguro”
es su lema, atento viajero.
Derecho tiene a la vida
de eso nadie lo discute
lo único que respetar debe
son las señales de tránsito.
Triciclo especial de niños
que en la mañana pletórico va,
cargando inocencia y risa
en tarea conferida.
Arácnido engarzadora de angustia familiar,
incierto es tu destino,
dale vuelta a la vida
y gira como siempre has girado
No te detengas,
pero aprende del rastro
que has dejado…
sábado, 2 de febrero de 2013
UN FRANKISTEIN VEGETAL
Andrés Jesús González Kantún
En su paso por Veracruz (en su libro: La verdadera conquista de la Nueva España) Bernal Díaz del Castillo, dejando caer unas semillas de naranja dulce en la tierra virgen presagia:
—Estas semillas brotarán y ofrecerán, algún día, un medio de vida a estos pueblos en vías de conquista.
Los ibéricos, después de la toma de la gran Tenochtitlán, trajeron de España más cítricos, en especial la naranja agria, y otras clases de plantas. Se promovió luego una permuta intercontinental con productos de todas índoles, y en honor a la verdad nos regalaron más a nosotros, que nosotros a ellos, incluso endosaron a la cultura mesoamericana la genialidad de la palabra indoeuropea.
Es curioso, la naranja agria sólo germina en tierra peninsular y es una mil usos para la sazón de los alimentos en la cocina singular nuestra, ¿qué sería un sabroso chocolomo sin la condimentación de la naranja? ¿Y el remedio casero para las contusiones? ¿Y la exquisita agua fresca de naranja?, ¿lo ha probado usted? Es medicinal.
Esta naranja del texto presente no fue sembrada a propósito por alguien, sino habrá sido una mano anónima y casual, quizá haya sido el viento o algún pájaro carpintero en diáspora hayan sido los causantes benignos del nacimiento de esta planta indispensable para las amas de casa.
Los frutos lo consumen los trabajadores de la Escuela Normal de Profesores porque saben que existe en un rincón del cercado y lo aprovechan también los transeúntes de la calle 22 A, y los vecinos porque sus ramas cuelgan adormecidas fuera de una barda y es fácil bajarlos con una horqueta o un brinco simiesco o si no caen cuando están maduros con un ruido seco y flojo.
Frente a mi casa miro siempre a mi árbol y me causa mucha gracia por la imagen que percibo de ella, mi consentida naranja.
En medio de un árbol de naranja agria con frutos corrugados escondidos en racimos entre espinas y una marejada verde, y un tronco seco y ceniciento de una palmera—afianzado en un arriate rectangular coloreado de vida pura primaveral—se halla construida una barda con el color rabioso de la bilis en cuyo canto sobresale encrespada una fila de vidrios rotos para desanimar a los más pintados gustosos de lo ajeno. En ese mismo sitio donde coinciden las dos plantas, la una viva y la otra momificada, han encontrado su nicho de amor una pareja de enormes gatos y dialogan frente a frente sentados sobre vidrios. El macho con llanto lastimero de niño pesaroso; y la hembra, con voz resonante y arisca le reclama al galán no sé qué cosas. Mi nieto Jafet que escucha entra presuroso a casa y yo trato de echarlos a larga distancia porque también me dan escalofríos, pero no me hacen caso y tengo que acercarme para hacerme notar y saltan temerosos para la reconciliación amorosa.
Visto el tronco liso recortado al ras del cerco, y la copa de la naranja que cae sobre él porque rebasa la barda, en un juego visual ofrecido por la perspectiva parece figurarse uno, la imagen absurda de una nueva especie vegetal de cítrico y palmácea: un frankistein vegetal, un injerto nacido de la mente loca de aquél que sólo pierde el tiempo en darle vuelta a los ojos e imaginación creadora para fabricar mundos confusos o entes fantasmagóricos. En fin, la mente fecunda no tiene límites para encontrar placer en la vida y agradecerle a la madre Gaia por darnos tantos dones y su gentileza por habernos regalado el privilegio de crecer a su lado.
16 de enero de 2013.
sábado, 5 de enero de 2013
Liberación de espíritus en la Casa de Cultura, Calkiní
ESPÍRITUS TRAVIESOS SALEN DE SU ENCLAUSTRO…
Eran las 5:30 horas de la mañana cuando el sol Padre aún dormitaba en brazos de Morfeo. Iba caminado por la acera de la calle 15 para alcanzar cualquier transporte que se dirigiera a Mérida pues tenía una entrevista a temprano hora con un médico especialista. Subí la primera escalera con que inicia el empedrado de la Casa de Cultura y ya no pude continuar pues el paso era obstruido por un andamio tubular por donde los alarifes trabajaban para arreglar las paredes del antiquísimo inmueble. De manera que bajé para continuar mi camino cuando repentinamente se produjo una explosión seca a un lado de mí. Es raro que no me sintiera pasmado ante el sorpresivo acontecimiento, ni siquiera pegué el brinco natural cuando suceden estas eventualidades.
Aticé la mirada en las alturas de la plataforma para ver si algún objeto de construcción se había resbalado del andamio o desprendido de la pared. Paseé por todos lados la mirada sin encontrar nada, hasta que el olor agridulce de la naranja guio mis ojos hasta visualizarla; eran tres partidas a la mitad con una sonrisa de dientes para afuera en cada una de ellas.
Me detuve un instante para avizorar los alrededores y resquicios por sí alguna persona deseaba jugar con el ánimo de los madrugadores, pero no vi a nadie, sólo la negrura de la mañana. Proseguí mi marcha, doblando a la derecha, rumbo al centro, y a unos cuantos pasos de nueva cuenta escuché otro atronador estallido, ahora sí sentí cierto temor. Eran otras tres naranjas que me detuvieron un instante para observarlas y luego escuché detrás de mí unos silbidos que iniciaban con un volumen bajo y luego subía y viceversa. Apuré el paso y los chiflidos me seguían. Me detenía y el silbido también. Me armé de valor para averiguar con la mirada de dónde venía y no distinguí nada anormal. Con la intuición que dan los nervios alterados, vacié la mirada al cielo y ahí una sombra difusa iba dando giros concéntricos y luego se alejaba y regresaba en el mismo lugar aéreo, eran como aquellas nubes vagarosas en un atardecer galano que forman figuras caprichosas a modo del quien las ve. Me escudé con el valor propio de un hombre incrédulo y continué mi caminata. Me dije “al carajo con los pensamientos inexplicables”. Ya en el camión me hacía mil conjeturas sobre el origen de aquel insólito fenómeno y creo que debía existir una respuesta lógica, claro que sí, ¿la habrá? O tal vez sean espíritus chocarreros que deseaban jugar con los transeúntes que han tenido la mala suerte de toparse con ellos en mala hora. Han vivido tanto tiempo encerrados en esa vieja casona de inéditas historias variopintas que han decidido despabilarse, ahora que van a estrenar una casa remozada deben salir a ventilarse para permitir el trabajo de los albañiles.
Viernes 4 de enero de 2013.
sábado, 29 de diciembre de 2012
Reclamo absurdo
POR UNOS OJOS GLAUCOS…
En un convivio familiar ya con la saliva suelta, el ánimo convertía por doquier los espacios en un ambiente completamente entretenido. Las palabras salerosas y las risas iban y venían en un rebote constante en el corazón de los invitados.
El anfitrión volaba en el avión de la felicidad porque cumplía años, obsequiados del baúl de la vida y la salud. En el juego con el gaznate con las bebidas volcánicas, surge de repente la voz alterada del hijo mayor que reclama, en voz vibrante, un asunto absurdo a su padre:
— Papá has sido injusto conmigo y me adeudas algo que hace tiempo quería platicar contigo y ahora que surge la oportunidad pues…, creo que es el momento propicio—
Jorge, que así se llamaba el papá, escuchó muy atento la protesta venida del alma acongojada del muchacho—Sí, nunca has atendido a mi queja.
— Cuál queja hijo, si nunca me has dicho algo, ¿cómo lo he de saber?
— Sí lo sabes, mas nunca te has dignado en escucharme. A ver, a ver, explícate mejor pues no logro asimilar tu descontento.
— Pues si no te has enterado siempre anhelé poseer el color de tus ojos de mar caribe y nunca te preocupaste en regalármelo cuando aún ocupaba el vientre de mi madre.
El padre quedó anonadado por la protesta absurda de su sangre. Inconcebible maraña de ideas venteaban en la mente descontrolada del progenitor. Al hombre aún no se le puede configurar como en la ciencia cuando se tienen fallas o mejorar esquemas, qué locura del hijo, pensaba.
— Hijo, ese reproche es una verdadera tontería. Claro, me hubiera gustado heredártelo y no te imaginas cuánto, pero no depende de mí, sino de la genética. Hasta estos momentos nadie ha podido convertirla en realidad cuando uno quiere; las características físicas deseables para los hijos, quizá con el avance de la ingeniería genética se convierta en un hecho. ¿Te imaginas a los futuros padres que puedan ofrecer en garantía lo que más les gusta de ellos para sus hijos? ¿O una farmacia inédita en donde las mujeres puedan obtener todo lo que quieran para la creación de hijos perfectos?
— Eres malo papá— insistía el mozuelo.
Jorge entendió que el hijo ya había perdido el sentido de la realidad y no carburaba con claridad mental su infantil demanda. Estaba perdido en el limbo provocado por los humos de las plantas fermentadas en las destilerías. De pronto, al hijo se le soltó la fuente de la desesperanza convirtiéndose su rostro en una catarata de agua marina que resbalaba en sendas mejillas tersas y abombadas.
Un tío que había escuchado la inusual escena quiso tomar partido y atrapó la palabra para arbitrar el encono:
—Sobrino, es un disparate lo que estás reclamando, se parece a un cuento escrito por Octavio Paz titulado: “Un ramo azul”, en donde un joven a punta de pistola obligaba a un hombre de ojos azules a extirparle el color de su visión para regalárselo a su novia. Era un verdadero absurdo tal como lo es tu protesta.
Ya has escuchado a tu papá y no es ficción lo que te cuenta, el hombre con su poder creativo puede considerársele como a un Dios viviente y no tardará el día en encontrar la fórmula mágica para diseñar seres al gusto de la clientela. Cierto, en su soberbia, peca de insensibilidad ética anteponiendo su sabiduría innegable, trastocando las enseñanzas sobre la creación divina, rebasando a los poderes seductores de los merolicos espirituales que han adormecido con sus ideas abstractas a las mentes débiles. No quepa duda que la ciencia ha suplido los poderes de Dios. Pero no vayamos por ese camino escabroso, pues el hombre aún no ha terminado de construir su destino rumbo a las estrellas, su meta final. Hablemos de lo tuyo.
Lo que deseas ahora y no fue, algún día regresará en tu casa, tenlo presente. La genética ya sea paternal o maternal está agazapada en cada uno de nosotros, muy adentro durmiendo a avivado, y salta a la luz cuando menos te lo imaginas, da vueltas y regresa, ya lo verás, a me cuentas.
Ya más calmado, y con la razón en poder del joven, aceptó que había cometido un desatino no propio de una persona en sus plenas facultades mentales.
El tiempo dio pasos a la vida y aquel joven se casó. Y al tercer hijo le llegó aquello que había deseado fervorosamente. Una bella niña de ojos Verdi azulados: herencia del abuelo y de su suegro. Un día son verdes; otro, azules.
Le regalaron a su muñequita un color de más el cual fue la ganancia.
En un encuentro casual el tío le recordó al sobrino:
— ¿Qué te dije, hijo?
El silencio respondió por él.
29 de diciembre de 2012.
domingo, 16 de diciembre de 2012
Angelitos en su mundo interior
Síndrome de Down
Andrés Jesús González Kantún
Subieron al estrado a darle rienda suelta a la marabunta de sus emociones dancísticas. Vestían impecables trajes de Juan Diego. Las mujeres con los cabellos en crenchas lucían sendas flores gigantescas como si fueran mariposas en racimos bebiendo agua en un charco después de un torrencial aguacero. Los hombrecitos, también bien acicalados, gesticulaban sonrisas memorables enjuagadas en el crisol de la inocencia exquisita, mientras yo en mi asiento de espectador anónimo me desbarataba de infinita ternura. Las mamás a la vez, los miraban emocionadas mandándoles besos picarones para infundirles confianza.
Los anunciaron como integrantes de un grupo especial llamada La Chácara, afiliada al DIF de Campeche.
El micro mar de ojos achinados y de traslucencia nucal (por la espaciosa espalda) al sentir las primeras notas se empezaron a mover, según su percepción musical, en una alharaca de movimientos desordenados, pero con gracia, la arritmia era su ritmo, los oídos perdidos en la armonía al no poder seguir los movimientos correctos de los pasos y el cuerpo en forcejeo también, pero qué importaba si los sentidos les enseñaba a intuir ese amor maternal demostrada por las abnegadas madres que se desvivían por ellos.
Nacieron por culpa de una falla en los cromosomas, pero tienen derecho a la vida como cualquiera y además nos premian con el favor de su cariño, aunque son flores—lamentablemente— con aroma transitoria que en sus afanes de Dios pasó inadvertido.
Ningún mortal en la fecundidad generacional, está exento de traer al mundo a estos angelitos y sí ya hubiera sucedido hay que aprender a darles amor inmenso, protección y a educarlos, desde pequeños, a convivir con la sociedad pues son inmensamente adaptables.
13 de diciembre de 2012.
martes, 11 de diciembre de 2012
Histeria colectiva en Calkiní
PSICOSIS COLECTIVA
El progreso suministra una enramada benéfica de servicios y productos a la sociedad y también, sus inevitables consecuencias pesarosas que erizan la piel con acontecimientos que enredan la imaginación popular convertida luego, quiérase o no, en suposiciones malsanas, pero no exentas de verdad. Acontecimientos inusuales que rompen el equilibrio mental de una sociedad acostumbrada antes a la tranquilidad como el que vivían algunos estados de la república en donde, ahora, la delincuencia ha trastocado la sensibilidad humana, causando una histeria colectiva que poco a poco ha ido minando a pueblos sosegados como es el caso de Calkiní, aunque se debe ir aprendiendo a navegar en esas aguas tempestuosas, causada por la falta de oportunidades para trabajar, en especial los jóvenes de todas las categorías sociales.
Ante este fenómeno de comportamiento obsesivo colectivo, la memoria me envía al año de 1988 cuando en Calkiní se vivió una historia similar de incertidumbre social por el acoso invisible de una banda conocida como Las panteras que se dedicaba a atemorizar al pueblo con grafitis amenazadoras garrapateados en todo sitio accesible. La gente en su natural idiosincrasia de credibilidad ante estos sucesos eventuales, prefería no salir por las noches para evitar un encuentro accidental con estos malandrines del miedo. Finalmente, en Nunkiní, fue atrapado un grupo de mozalbetes, robando una bicicleta y los remitieron a las autoridades en Calkiní con la idea de que eran Las panteras. Las panteras desaparecieron sin dejar rastro ni nunca se mostraron físicamente, pero dejaron un olor a una historia real. Aunque fueron puras conjeturas convertidas en emocionantes relatos que le dieron alimento al pueblo, acostumbrado a la modorra, para distraerlos de la rutina asfixiante propia de la provincia. Las panteras en Calkiní fue una calca de una organización surgida en 1966 en Estados Unidos como un medio defensivo en contra de la discriminación racial y no buscaban más que modos para luchar en contra del trato recibido por sus hermanos blancos porque las panteras también eran americanos. Si cometieron tropelías era una reacción natural de autodefensa para devolverle los males ocasionados por sus contrapartes.
En Calkiní, aún un pueblo en sentido figurado, se ha armado una tremolina social por causa de una retahíla de secuestros que ha desatado el rumor popular, enmarañando historias convertidas ya como un hecho de Zetas, Familias y Templarios y no como un resultado que puede originarse de otros medios modernos como es el uso de la TIC en manos de hábiles delincuentes que podrían estar, incluso, purgando alguna condena y cometer fechorías. Los pueblos ya han sido rebasados por la ciencia y la tecnológica y por eso no dan crédito en que ahora los secuestros se podrían ejecutar virtualmente, es decir, en forma no física. La fuerza de la credibilidad popular no ha podido ser persuadida por la sutileza y objetividad de la ciencia, siguen creyendo en la palabra de los ángeles y arcángeles. Las redes sociales, el directorio telefónico, el acceso a bases de datos gubernamentales, el google maps y otros miles de artefactos sofisticados y satelitales pueden ver, oìr, captar movimientos, situar latitudes geográficas, reconocer personas, y un sin más de funciones. Así se explica toda la información que se tiene de la víctima para atarlo psicológicamente durante el transcurso operativo de su secuestro. A través de estos medios se pueden conocer secretos particulares: pobrecito de los infieles.
No se puede negar que en Calkiní aún se vive con tranquilidad en comparación con otros estados de la república, pero tampoco se debe ignorar la presencia sutil de cascabeles venenosos que ventean posibles incautos para su beneficio.
Si se quiere vivir en paz debe fortalecerse la unidad de los pueblos y ciudadanos en la vigilancia de comportamientos extraños, tener el valor civil para denunciar actos que vayan en contra de la salud y el pudor, no provocar alharacas populares que socaven el estado anímico de la ciudadanía sin fundamentos convincentes, exigir a la autoridad una iniciativa censal en el caso de personas nuevas y motivos de su estancia en esta tierra así como estrategias que inhiban las amenazas de extorsión telefónicas, en fin, un trabajo claro y decidido en comunión con el gobierno municipal y que cuente con una gendarmería antisecuestros activos y no estáticos que brinden confianza a la comunidad para defender lo que ya es evidente en Calkiní. El ministerio público ya no funciona en la tierra nuestra pues nunca han demostrado capacidad de gestión en la resolución de casos.
Un pueblo merece lo que sufre, hay que cerrar filas.
viernes, 2 de noviembre de 2012
Leyenda totonaca
LA VAINILLA (LEYENDA MAYA-TOTONACA)
GUADALUPE BERZUNZA FUENTES.
El Eterno exhaló un suspiro…. y de él se crearon dos seres, dos seres que vivirían miles de vidas y cuyo único objetivo sería retornar al lugar de donde surgieron.
Se crearon complementarios uno del otro y en cada ciclo vital tratarían de estar siempre juntos para ayudarse mutuamente en la difícil ascensión hacia el Eterno.
En uno de tantos ciclos vitales tuvieron esta vivencia:
En el planeta tierra, en una región maya llamada El Reino del Ki´n (sol), nació cierto día un niño hermoso y robusto, hijo de un sacerdote maya y a quien pusieron por nombre Balam (Jaguar).
El niño, desde pequeño dio muestras de increíble valor y sabiduría por lo que fue destinado al servicio de la realeza.
Por ese tiempo nació también una hermosa niña, hija del Rey Akbal (Noche Azul) de esa región maya y de su esposa, la princesa totonaca Siwiní (Esperanza). A la pequeña le pusieron por nombre Xánath (Vainilla).
Balam creció fuerte y vigoroso y al cumplir 15 años fue iniciado en el aprendizaje del manejo de las armas, ya
que sería preparado para ser un guerrero real, encargado de proteger la seguridad del reino.
Poco tiempo después la princesita Xánath también cumplía 15 años y ella fue llevada al templo de la Diosa Nicteel (Flores) donde estaría sirviendo de sacerdotisa hasta cumplir los 18 años.
Pasaron los años…… y cierto día, Balam se encontraba cazando cerca del río, que rodeaba la población, cuando al acercarse a un remanso del agua para calmar su sed se encontró de pronto ante una bella aparición, era Xánath quien se encontraba recolectando flores para el altar del templo en el cual estaba recluida.
Al oír los pasos de Balam se incorporó algo asustada, pero al encontrarse con la mirada del apuesto guerrero se tranquilizó. En ese momento sus almas vibraron de emoción al reconocerse y encontrarse de nuevo.
Se entabló un diálogo sin palabras, un dialogo de sentimientos y emociones que hacían vibrar los cuerpos de los jóvenes.
Al fin Balam expresó:
—Hermosa doncella, nunca mis ojos habían presenciado tan hermoso espectáculo como lo es el verte aquí vestida de blanco con tu pelo cayendo como cascada sobre tus hombros y tus lindas manos sosteniendo ese hermoso ramo de flores a las cuales opacas con tu belleza. Mi nombre es Balam y pertenezco a la guardia real y desde este momento me pongo a tu servicio, soy tu esclavo doncella obedeceré lo que tú me ordenes, sólo dime ¿Quién eres?
—Soy la princesa Xánath, hija del rey tu Señor.
—Princesa, princecita mía, te suplico me concedas el privilegio de volver a verte.
—Balam , eso no es posible, pues estoy al servicio de la Diosa a la cual me han consagrado pues el rey mi padre desea que yo permanezca para siempre como vestal ya que piensa que no hay hombre alguno que merezca ser mi esposo.
—Princesa mía, conozco al rey mi señor, y sé cuánto cuida su preciada joya y ahora que te he conocido comprendo que tiene razón; sin embargo, este amor que has hecho nacer en mi corazón me da la fuerza suficiente y el valor para enfrentarme a todas las pruebas que tu padre disponga con tal de merecer el honor de ser tu esclavo de por vida.
—Tus palabras Balam, dichas con tal vehemencia, me demuestran que ya me amas, a mi vez tengo que decirte que también el amor anida en mi pecho en estos momentos y siento como si te hubiera amado desde siempre, sin embargo, te suplico no digas nada a mi padre aún.
—Como digas Princesita, soy tu esclavo y obedezco.
Acto seguido, la princesa retorno al templo y el guerrero se quedó recordando el encuentro con alegría y dolor.
Pasaron los días y Balam se retorcía de la ansiedad por hablar con el Rey, para expresarle las intenciones que tenía con la princesa. Hasta que un día fue llamado por el monarca quien le dijo:
—Balam, tengo que hacerte un encargo que requiere de tu valor y destreza con las armas así como de tu incondicional servicio al reino.
—Mi Rey y Señor, ¿de qué se trata?
—Te vas a encargar de llevar mi tesoro más grande hasta la ciudad del Tajín, para resguardarlo de cualquier peligro, tendrás que cuidarlo con tu vida y procurar que nada le pase. Llevarás a varios guerreros águilas y tigres para que te ayuden.
—Así lo haré mi Señor, el tesoro, ¿cómo será transportado?
—En un palanquín que cargarán cuatro guerreros tigres, ya que son los más fuertes.
— ¿Palanquín, Señor?
—Claro muchacho, la Princesa tiene que resguardarse del sol.
— ¿Llevaremos a la princesa?
—Balam, ¿qué no sabes que mi hija es mi tesoro más grande? La llevarán al reino de su abuelo totonaca ya que temo que mis enemigos me declaren la guerra y no quiero que mi hija salga dañada. En la ciudad del Tajín estará bien protegida por su familia materna, cuando pase el peligro la regresarán.
—Por supuesto Señor, ordenaré a los demás guerreros que se preparen.
Balam, con la alegría reflejada en el rostro dispuso todo lo necesario para el largo viaje. Salieron en la madrugada de un nuevo día, todo un cortejo, guerreros tigres transportando a la princesa, por delante y a la retaguardia guerreros jaguar protegiendo a la caravana, doncellas acompañantes, porteadores con grandes canastas conteniendo los alimentos que consumiría el grupo.
El viaje era lento por todo el recorrido que tendrían que hacer, y cuidándose de no ser atacados por alguna tribu extraña o animales salvajes. Balam no desaprovechaba los momentos adecuados para acercarse, como pretexto, a la princesa durante todo el trayecto y el amor entre los dos fue floreciendo satisfactoriamente, ya se les veía pasear juntos por las cercanías del campamento cada vez que se detenían a descansar.
—Amada Xánath, ya deseo estar en el palacio de tu abuelo para pedir el permiso correspondiente y poder unirnos en matrimonio.
—Querido Balam, también deseo lo mismo, cuando lleguemos al Tajín hablaré con mi abuelo y lo convenceré que dé su aprobación a nuestra unión.
Y así, los jóvenes enamorados proseguían su viaje, soñando con estar unidos para siempre, con la aprobación de los familiares de la princesa.
Pasaron los días, atravesando valles, ríos, bosques, selvas, serranías, contemplando diversos paisajes; y aprovisionándose de nuevos alimentos. Hasta que un día, por fin, llegaron cerca de la comarca del Tajín , el guerrero guía les avisó que tendrían que andar con cuidado ya que habían visto señales extrañas, y podrían tratarse de salteadores; decidieron acampar por un momento para retomar fuerzas y así llegar rápidamente a buen resguardo.
Ya acomodados los diversos utensilios que llevaba la caravana, todos se dispusieron a descansar por un momento. Xánath y Balam, tomados de la mano caminaron hasta un arroyuelo cercano cuyas aguas refrescaron los pies cansados del guerrero mientras los jóvenes platicaban no se dieron cuenta de que extraños guerreros los espiaban ocultos en los matorrales.
Cuando más entretenidos estaban, los
jóvenes enamorados escucharon gritos de ataque mientras veían como eran rodeados por hombres armados, la princesa pegó un grito pidiendo ayuda a sus guardias, éstos acudieron presurosos llegando sólo para ver como Xánath era atravesada por una flecha y Balam caía, herido en el corazón, por una lanza enemiga. Ambos bandos guerreros se entablaron en una lucha encarnizada, quedando en poco tiempo aniquilados los bandoleros.
Mientras tanto, la princesa herida de muerte, logró tomar entre sus brazos el cuerpo inanimado de Balam, y con el rostro lleno de lágrimas imploró ayuda a la Diosa Nicteel.
La tarde despuntaba en sombras. Un grupo de doncellas y guerreros se encaminaron al Palacio del Rey, abuelo de Xánath, para darle a conocer lo que había ocurrido. Los demás acompañantes se quedaron cuidando los cuerpos de la princesa y el guerrero, y fueron testigos de un gran prodigio ya que al llegar la medianoche, un gran resplandor los iluminó y ante ellos se presentó la Diosa Nicteel quien acercándose a los cuerpos de los enamorados dijo:
— Mi pequeña niña, es tan grande el amor que sentiste por tu guerrero que no puedo dejar que quedes en el olvido, por lo tanto siempre estarás unida a él, perfumándolo con tu aroma y recuerde siempre el inmenso amor que se profesaron.
Acto seguido, el cuerpo de Balam sufrió una increíble transformación, pues fue convertido en un árbol frondoso y la princesa, convertida en una hermosa planta trepadora, fue enredándose en todas las ramas del árbol.
Al amanecer llegó la caravana del rey, quien acongojado por la muerte de su nieta, viajó hasta el lugar para recoger los cadáveres y cual no sería su sorpresa que en su lugar encontró al frondoso árbol con la enredadera de flores blancas y un agradable olor que impregnaba todo el ambiente. Los guardianes testigos del prodigio informaron al rey lo ocurrido.
Desde entonces en la región del Tajín, en honor a esa leyenda, se venera a la olorosa enredaderas con una gran celebración anual llamada “La feria de Xánath “, la feria de La Vainilla.
FIN
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