sábado, 15 de octubre de 2011



UN CENOTE EN CALKINÍ CON LA APARIENCIA DE UN POZO COMÚN

Antecedentes históricos.- Referente a la época precolombina de la provincia Ah Canul, no se sabe mucho al respecto. Sólo se conservan generalidades como la llegada de los españoles; de los batabes que poblaron los diferentes pueblos del municipio; de los nueve hermanos comandados por Na May Canché  exiliados del reino de Mayapán a causa de problemas políticos entre hermanos de raza maya; de los tributos dados a los hispanos bajo la sombra de una frondosa Ceiba; el nombre de los dos  primeros españoles que vivieron en Calkinì, y de la riqueza de un comerciante Ah Canul en posesión de cuatro barcos, etc.  Esos relatos de los abuelos se encuentran asentados en “El códice de Calkini”.


Se sabe también , desde luego, en forma somera sobre el valor histórico que tiene entre los calkinienses el Tu’uuk ca’an mejor conocido como el Ceibo, en donde se suscitó uno de los hechos más impactantes de la historia local cuando los jerarcas de dos razas distintas; la de Tzab Canul, y la de Francisco Montejo  sellaron mediante un abrazo forzado un acuerdo tácito sobre el predominio del más fuerte. Ahí, en ese lugar debajo de una exuberante Ceiba, en los linderos del pueblo, junto al pozo Halim, se tatuó con tinta indeleble el inicio del mestizaje en la tierra nuestra; la conformación  de una nueva raza:  la europea con la americana.

En el Códice se habla de un pozo, y en el interior del texto se menciona varias veces. Un pozo que en su significado literal significa un hoyo excavado sobre la tierra para la extracción de agua subterránea. Pues aunque parezca increíble  los mayas ya lo sabían construir aunque de manera rudimentaria porque aún no conocían el metal, así  lo asegura Fray Diego de Landa en su obra: ” Relación de las cosas de Yucatán” en donde dice: “ Los que éstos alcanzaban (el agua de cenote a flor de tierra o de lugares inaccesibles) bebían de ellos; los que no, hacían pozos  y como les había faltado herramienta para labrarlos, eran muy ruines”, pero eran pozos aunque sin la famosa campana que conocemos y en consecuencia eran insuficientes para abastecer a todo un pueblo como era el caso del pozo Halim. Lo que significaba  que  en Calkiní existía otro lugar para aprovisionarse del vital líquido, pero ahora de manera abundante.

Entonces, si mis razonamientos son acertados, ¿habrá existido en Calkini un desconocido surtidor de agua que saciara la garganta de los sedientos nativos después de haberse abandonado parcialmente las aguadas del oriente? Existe esa posibilidad. Pero no solamente señalaré el lugar sino también, la posición del centro ceremonial de esta raza calkiniense pródiga en tradiciones y enigmas.


Pues bien, permítanme explicarles su ubicación, así como el del centro ceremonial del pueblo maya local.

Don José Turriza Balam, extinto amigo mío, me platicó un día que en su infancia su madre le había platicado en múltiples ocasiones, así como se lo contaron a ella,  sobre la existencia de un desconocido cenote dentro de unas cavernas, y que se  podía entrar a través de unas escaleras de madera. Le llamaban  Bi’ich cal que en lengua castellana significa, garganta angosta. Adentro, en esa cueva rutilaba un pequeño oasis de inextinguibles aguas cristalinas.

¿Dónde se encuentra?

Puede ubicarse casi en el centro de la manzana situada entre la calle 15 y la 11 del barrio de San Luis. Más claro, se encuentra en el solar del Profr. Armando Caamal Matos.

Muy cerca de este cenote (donde confluyen los fondos de los solares) se pueden observar vestigios de edificios prehispánicos. Aunque a simple vista aparentan montones de tierra y piedra, pero si se aguza  los sentidos se puede uno dar cuenta que fueron en épocas pretéritas templos ceremoniales, terrazas, plataformas, altares, chultunes, etc. Esta afirmación la sostengo porque en mi niñez estos rescoldos arquitectónicos fueron parte de mis experiencias infantiles; anduve por todos sus recovecos, brincaba las escalinatas de los edificios,  me sentaba en los enormes rectángulos de piedras labradas, y ojeaba por los diferentes puntos del lugar algunas piedras difusas que en algún tiempo fueron estelas, pero ahora convertidas en sólo cenizas  de la grandeza raza Ah Canul.

Todavía guardo en mi memoria de manera invariable la figura de una casa de paja construida sobre la cima de uno de los edificios principales en donde un tío mío llamado Félix May, que  a semejanza de un gran sacerdote del Yucatán antiguo nominado Ah Kin May, y por nombre Ahau Can May,  ponía en práctica sus dotes de médico empírico o X´`men  en maya  y el de adivina suertes.
Aunque no sólo en esa manzana se advertían reminiscencias arqueológicas sino también en otras; pero en un perímetro más alejado, por ejemplo, en el predio de la señora Rosa Pacab (calle 22 “A” No. 76) en cuyo terreno se estableció alguna vez la primera escuela primaria del barrio de Fátima,  se extrajo un ídolo en  un pequeño lomerío; en los terrenos donde se encuentran actualmente instaladas las bombas de abastecimiento del agua potable municipal, en lomitas dispersas, se hallaron osamentas  humanas y utensilios de barro; y en el basamento donde se construyó la iglesia principal también  existieron edificios mayas, en fin, una retahíla de templos desconocidos que rodearon en otras eras el susodicho cenote.

Por todo lo anteriormente expuesto, se puede plantear la siguiente hipótesis:
Que el lugar  preciso en donde los mayas calkinienses se abastecían de agua se encuentra en el centro de esos edificios los cuales servían como un núcleo ceremonial para las festividades religiosas en honor a sus dioses.

EL CENOTE

Desafortunadamente no se sabe con exactitud el lugar donde se encuentra situada la entrada original porque fue tapada a propósito por dos supuestos motivos:
Primero: Según los primeros dueños de la propiedad donde se encuentra el cenote, la entrada les quedaba muy lejos de la casa la cual les ocasionaba mucha molestia en el acarreo de agua por lo que optaron clausurarla y abrir otra, pero  más cercana a la vivienda.
Segundo: Esta otra versión, la más seductora, se deriva de la fantasía y carácter supersticioso de la gente y que vale muy bien la pena platicarla.
Un Viernes Santo, una hija de la familia propietaria, descendió las escaleras de la cueva en busca de huano ( material flexible para la elaboración de sombreros, guardado en ese lugar porque la humedad lo hace más dócil) para tejer cuando de repente se le apareció frente a ella  un horripilante monstruo, combinación  de humano y caballo, como aquel ser mitológico mencionado en la cultura griega, El centauro, pero éste era gigantesco, que la obligó a salir como un alma perseguida por el diablo.

La familia creyó que tal evento había sido provocado por el desacato a las creencias religiosas, pues ese día se debería dedicar a Dios. No se debe trabajar ni adentrarse en lugares solitarios porque el cizín (diablo) anda suelto en busca de almas confundidas en sus convicciones espirituales.

Pero tal aparición puede explicarse con un poco de sentido común.

Era obvio que la niña antes de entrar a la caverna, ya su mente iba programada en el temor por la falta de respeto al día en que se debe  honrar a Dios, y que esa desatención bien merecía ser castigada.  Con esa idea a cuestas la predispuso sobremanera. De modo que al entrar a un sitio solitario y tenebroso se imaginó lo peor; así que cuando las aguas en su movimiento de ondas concéntricas, combinadas con el choque de furtivos rayos del sol provocaron sobre las paredes de la gruta una ilusión fantasmagórica la cual le hizo casi morirse de miedo. Por eso los dueños decidieron clausurar la entrada.

Ahora bien, ya tapado el acceso a la cueva, ¿en dónde se habilitarían de agua para su sustento?
Pensaron y hallaron una solución original sin que esto les provocara más gastos innecesarios. Perforaron los dos o tres metros de grosor del techo de la gruta con la idea de hacerlo coincidir con el centro del manto acuífero. Pero no lo consiguieron, cometieron un error de cálculo, y el orificio distó mucho del manantial.. No obstante el error, encontraron otra forma peculiar de corregirlo. A plomo con el agujero del orificio desviado calaron sobre el piso de la cueva una pileta que la hicieron conectar  con el cenote a través de un canal a desnivel, obteniendo de esta forma un abastecimiento continuo y seguro de agua en la pileta. A pesar de no ser muy honda, apenas 30 centímetros de profundidad es un pozo inagotable, no obstante su pequeño caudal. Una muestra de esta aseveración se puso de manifiesto en épocas pasadas cuando se construyó la carretera rumbo a la población de Nunkiní, siempre mantuvo incólume su nivel. Otra de sus variantes, según pude observar, es que se pasean dentro de sus entrañas juguetones pececitos y camarones.

Los actuales dueños del lugar afirman que en épocas de lluvias, el agua acumulada en los alrededores del pozo desaparece en un santiamén, escurriéndose dentro de la gruta, y a veces se escucha el ruido de desprendimientos de trozos de lodo dentro de la bóveda del cenote.

EL POZO

Cuando se observa desde  lejos pasa inadvertido ante cualquier  mirada porque su apariencia es como el de cualquier pozo común.  Sólo se necesita acercarse a su brocal para darse cuenta que uno está completamente equivocado. Tiene una característica peculiar que lo hace diferente a los demás: mide siete metros de profundidad. Un detalle verdaderamente insólito, si se toma  en cuenta que aquí en Calkinì, en lo general, oscilan entre los 11 ó 12 metros de profundidad.

 Dos metros antes de llegar a la pila del agua, se va ensanchando paulatinamente como el vientre de un cántaro tepakanense motivo por el cual se necesita mucha fuerza en los músculos  de los brazos para descolgarse porque no se cuenta con ninguna clase de apoyo para los pies, y es peor cuando se asciende.
Dentro de la cámara del pozo caben holgadamente muchas personas, que se pueden perder de vista, si se desea, cuando alguien observa  desde el hueco del
La última vez que me atreví a entrar, no obstante mi edad y que pudo haberme costado la vida,  tuve que recurrir al auxilio de algunos alumnos para poder salir,  la albarrada y parte de aquel espacio amplio que existía se había derrumbado por completo; ya había desaparecido todo indicio del otro camino para llegar al cenote. Hoy  no  he dejado de lamentarme por no haber tenido, en el primer intento de investigación, el suficiente arrojo para derribar aquel pétreo y vacilante muro, y haber hecho a un lado el velo que guardaba celosamente, desde quién sabe cuánto tiempo, aquel secreto: el verdadero sitio donde los mayas calkinienses se abastecían de agua de Dzonot. Un lugar aprisionado en el encantamiento de un hechizo en espera impaciente de un conjuro mágico para conocer la luz de nuevas generaciones.

El pueblo de Calkiní no sabe de su existencia o lo más seguro es que no le dé crédito al relato y lo considere como una historia más, recreada por la fantasía surgida de mentes inflamadas por la inocencia y de fácil acceso a la  credulidad, pero no importa; quizá algún día surja  entre los jóvenes, ahora más intrépidos que antes, el ánimo por averiguar tantos y … tantos secretos del pasado histórico de nuestros abuelos como el caso de este cenote, rodeado de viejos y arcanos cerros, vestigios de la arqueología Ah Canul; de esa noble y rancia cepa calkiniense.


LOS JUBILADOS EN EL LIMBO DE LA VIDA
Andrés Jesús González Kantún



Adriano Chab y Rosita Bolívar


Alma joven en envoltura añeja, mente ágil en actividad constante, palabras traviesas que irrumpen sin cesar en el corazón de los interlocutores que viven el momento sin pensar en el futuro, palabras aladas suspendidas en el aire que alientan y ofrecen vida en Calkiní a los jubilados-niños que juegan con la existencia para no marchitarse en amor fraternal pues es la vida que insufla más vida, que es el grupo que mantiene energía existencial. Prohibido el pesimismo y la intolerancia, uno para todos y todos para uno es el lema de los espadachines osqueteros que luchan denodadamente ante los embates de la edad con las armas de la palabra, el canto, el baile, el gusto, las manualidades y el pensamiento místico. Todos ellos juegan para vivir y viven para jugar que es la única forma de despejar la mente que si no se riega se atrofia y mata. Que siga la vida en manos de la fraternidad de camaradas y que la manipulen como quieran en el intento de sacarle jugo a la edad, para ser felices por siempre, mientras vivan.
Es la convivencia en la fragua de la hermandad de jubilados en la búsqueda ansiosa del elíxir de la eterna juventud enfocada  en el espíritu que nunca muere, aunque la edad acose inexorablemente, pero que ya se sabe cómo distraerla para que adormezca  su paso mientras llegue el final de la jornada en esta  misión de cardos y ortigas que ha sido el destino final de todo ser viviente.
! Vivan los jubilados de mi tierra!
Así sea





EL PUEBLO DE LOS OSOS
(Tradición nunkiniense)
Nadie se acuerda de dónde vino ni cuándo apareció el primer oso en el poblado de Nunkiní. Dicen que vino de un circo cuando por primera vez llegó a Nunkiní  y le dieron vida en un carnaval.
Surgieron en grupos en los barrios tradicionales de San Román y el Gato Negro que no se podían ver. Eran enemigos a muerte y se agarraban, precisamente en carnaval, a trancazos y pedradas  protegidos en la clandestinidad de sus disfraces de osos, y para evitar confusiones entre ellos  tenían una clave que los hacía identificarse. Las trifulcas que provocaban todavía cuelga en la memoria de mucha gente, pero ahora  casi se han civilizado.
Se presentan dando brincos, volantines y se comunican a través de gritos ruidosos, causando el temor entre las personas que no los conocen, pero en cambio, una delicia para todos los habitantes del lugar.
El oso gruñe, se emborracha, se revuelca, se contorsiona, y gime de dolor por puro gusto cuando recibe una sarta de vibrantes latigazos  en su tosco lomo, dados por un domador que lo guía sin dificultad cuando se cansa  o lo arrastra cuando se resiste; cuerda o cadena es el cordón umbilical que los une siempre.
Su traje es muy singular. Se confecciona con piel de pita o fibra sintética que le cubre todo el cuerpo para copiar en figura  a un  plantígrado, pero más se parece a un grotesco muñeco sin facha de oso. La parte dorsal le  es cubierta con un pedazo de piel reseca de venado por donde recibe el vibrante chicotazo de su domador  para mermar su inagotable energía.
En la cintura de ambos (domador y oso)  cuelgan sendos   cencerros cuyo tintineo acelerado anuncia su presencia por todos los lugares por donde se pasea.
El oso sufre en su carapacho de costal, pues necesita mucho corazón para soportar el intenso calor producido por su piel artesanal de traje hermético y asfixiante. Si no contaran con el apoyo de “Dionisio”, quizá no hubiera osos enfundados en piel de agave, aunque cuentan que algunos han muerto, no se sabe sí de calor o del vino. Es una lástima que esta tradición, ahora se haya pervertido pues el traje ya no es de una sola pieza como antes. Ahora ya es un injerto de máscara y tenis que representan a héroes luchadores del ring. La televisión en ojos mexicanos  degenera las costumbres.
Así se festeja el carnaval en Nunkiní, tierra de petates y sandías, la fiesta sin par de osos, osas, ositas y ositos. Carnaval de hombres que quieren ser osos... y de osos que no quieren ser hombres.
Esta tradición ha trascendido a otros lugares del municipio de Calkiní.

 





MI NIETO, ÓLIVER
Andrés J. Gonzáles Kantún


“Artefactos varios se han inventado
   para guardar todo tipo de potencia
pero nadie en el mundo ha ideado
en cómo usar  la del niño en la ciencia


Con la eterna sonrisa de tu cara
farfullas palabras del periódico
y en tu comedia que no es nada rara
ya que es el momento de ser  perico.

 Tú te cimbras cual bailarín moderno
en el instante de mirar  a  Jade
y la  abrazas enjundioso y tierno
como  juguete alguno  que te agrade

Son tus dedos tentáculos de pulpo
que no dejan en paz perilla alguna
y si algo descompones y te culpo
mi barca naufraga como ninguna

A cada momento besitos quiero
porque sabes con sabrosura darlo,
alimento que si no encuentro muero
de tu límpido corazón sacarlo

No te cansas mi terco rapazuelo
en desandar mil veces un camino
provocando pesadumbre en tu abuelo
por cada paso dado y  sin destino


Pequeño bombo de maciza pulpa
jamás  te cansas de besar el suelo,
y aunque nunca tendrás tú la culpa
de tus intentos vanos de revuelo

Mientras mantengas siempre la inocencia
darás  felicidad a tus abuelos
quienes se armarán siempre de paciencia
de tus maldades nuevas  de pilluelo

Algunas veces  aparecen sueltas
un sin fin de palabras  en tu boca
y en el intento sabes darle vuelta
que en vez de pedir leche, pides coca

Nadie en el mundo te hará cambiar,
ya que  es tu naturaleza de niño
de modo  que al mundo puedes arrasar
sin que por ello mengue mi cariño




AGUZADO,  LOS SENTIDOS

Tal parece que el tiempo se había detenido en ella, ningún acordeón en el rostro, risueña  y  ágil en el caminar, características que  cautivaban  a todos aquellos  que la llegaron a conocer.
Su diaria rutina de pedigüeña  la obligaba a un ejercicio constante incluso  le había aguzado formidablemente los sentidos.
Tenía la costumbre de acudir cronométricamente, cada fin de quincena, a una oficina del gobierno municipal para solicitar apoyo el cual se le daba puntualmente. Una ayuda  que le hacía creer  que era  un derecho adquirido como ciudadana calkiniense, aunque en realidad un apoyo de quien viniese es  una decisión  de voluntad propia, no un compromiso.
Una mañana, como siempre,   llegó presurosa a la oficina de un funcionario de puertas abiertas para solicitar  la consabida ayuda, pero el buen samaritano no contaba en ese momento con dinero fraccionado sino billetes de gran denominación que alcanzó a ver la anciana, así que le comunicó que volviera más tarde. Pero ésta desconfiada le propuso  una magnífica solución:
—Señor, no se preocupe si usted me quiere ayudar deme un billete y  le aseguro que no le  molestaré en lo que resta del año, ¿qué le parece?
La respuesta del burócrata fue una amplia sonrisa provocada a raíz de aquella  salida dada por la anciana y en pago a su ingeniosidad  le entregó el billete, aunque no cumplió con lo convenido.
 Y a la siguiente quincena, más exacto que el calendario maya,  ya estaba de vuelta en la oficina del funcionario público.